Se puede tener todo y, aun así, ser infeliz o, acaso, un monstruo. Ésa es la triste historia del incomparable artista del pop Michael Jackson, cuyo décimo aniversario luctuoso se cumplió hace unos días, después de que a su anestesista privado se le fue la mano con el Propofol, única forma en la cual el ídolo lograba entrar a la profundidad de la inconsciencia en sus noches de insomnio.

Para los que crecimos a la par de los míticos Jackson 5, oyéndolo cantar y bailar I Want You Back o ABC, atestiguamos el crecimiento exponencial, acaso único, de un joven que brillaba con luz propia y bailaba como nadie en el mundo. Su fuerza, control, exactitud y precisión revolucionaron el mundo de la danza y convocaron a millones de niños a interesarse en el baile. Incluso decenas de jóvenes tomaron la decisión de bailar de forma profesional gracias a él.

Pero Jackson no se quedó ahí. De las coreografías un tanto predecibles de un pasito adelante otro atrás y giro, pasó al mundo del video, donde encontró un nicho incomparable, un universo creativo en el que navegó para diseñar y crear un concepto narrativo donde danza, voz y música fluían con tal naturalidad que revolucionaron el mundo del arte.

Sin haber tomado jamás una clase de danza académica, Jackson le explicaba al coreógrafo, el notable Michael Peters, lo que deseaba que se viera: “la pierna se avienta, el hombro se baja y brincas y giras”, y se hizo acompañar de bailarines profesionales que jamás lograron darle el ancho en la interpretación de secuencias de movimiento de brutal complejidad.

Porque si algo hay que reconocer al tremendo afroamericano es que fue un bailarín fuera de serie con tesituras extraordinarias que ninguno de sus seguidores logró alcanzar.

Hasta hoy, Thriller (1983), video para promover la canción del mismo nombre, será, en su escena del cementerio, una coreografía icónica en academias de danza y, más aún, en fiestas, al grado de que al momento miles de jóvenes practican esa secuencia en todo el mundo. Lo mismo sucede con Beat It —donde baila su propio coreógrafo—, Bad y Smooth Criminal, ejemplos de los puntos de encuentro de formas expresivas que transformaron diversas sociedades, el arte y, con ello, nuestras vidas.

El Rey del Pop se sostuvo durante cuatro décadas como la estrella más exitosa en el mundo con sus incursiones en el rock, la música disco, soul, funk y hasta en el rhythm and blues. Aun en su último documental —hecho a partir de ensayos—, lo muestran dueño de una disciplina sin parangón.



LA SOMBRA


¿Se puede ser un artista genial y al mismo tiempo un ser miserable y abyecto? Para Dan Reed, realizador del polémico documental en dos partes Leaving Neverland, sí. Es claro que las continuas transformaciones físicas que Michael Jackson lo convirtieron en un ser grotesco y patético.

Sus cirugías habían iniciado en forma temprana. Algunos señalan que fue a partir del accidente que tuvo durante la grabación de un comercial de Pepsi, en el que sufrió quemaduras de tercer grado en el cráneo y perdió una buena parte de su pelo.

Al mismo tiempo un vitiligo brutal lo había invadido y el artista del pop, aseguran, se había blanqueado el resto del cuerpo. Con el pelo tatuado, peluca y una nariz espeluznante, Jackson lucía bastante mal, a ello habría que agregarle el tono agudo y simplón de su voz.

A su californiano rancho Neverland viajaban cientos de niños para jugar y departir con el artista, quien durante toda su existencia se declaró amante y defensor de los niños. No obstante, siempre hay tormentas en el paraíso: en marzo de este año, Wade Robson y James Safechuck, dos de sus favoritos, salieron al paso para denunciar los abusos sexuales que sufrieron por parte del Rey del Pop cuando eran niños.

El documental en dos partes evidencia el fenómeno del grooming (cortejo) que Michael Jackson presuntamente llevó a cabo para abusar de niños de entre cinco a 17 años. Pero el hecho de que el señor fuese pedófilo y que mereciera la cárcel es secundario al daño que muestran, al menos, dos de sus víctimas, quienes después de muchos años reconocen haber estado perdidamente enamorados del artista.

¿Dónde estaban los padres de estos niños que permitían que sus hijos durmieran en la misma cama que Michael Jackson? Al parecer, disfrutando del mundo económico que el cantante puso a sus pies. Más allá de que legalmente nunca se le declaró culpable, Jackson claramente era un hombre anormal, lleno de oscuros recovecos existenciales y poseedor de un alma podrida.


ROSARIO MANZANOS
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EXCELSIOR