Construidas a partir del siglo XVI con el objetivo de resguardar a la todavía minoritaria población española, o años más tarde, para defender a los puertos del cruento ataque de piratas como Laurens de Graaf “Lorencillo” —quien destruyera Veracruz y Campeche en la década de 1680—, las fortalezas y los sistemas defensivos colocan a México como una de las naciones con mayor arquitectura militar en América, lo cual también representa un reto en su conservación, difusión e investigación.

Así lo informó el coordinador nacional de Museos y Exposiciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), José Enrique Ortiz Lanz, durante la inauguración del 1er Foro Nacional de la Red de Fortalezas de México, que se realiza del 19 al 21 de octubre en el Centro Cultural El Claustro, en la ciudad de Campeche.

Ante especialistas en patrimonio fortificado de Nayarit, Jalisco, Guerrero, Puebla, Veracruz, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, así como público en general, el arquitecto hizo una primera distinción al exponer que estas construcciones no son exclusivamente españolas, porque “al ser bélicas muchas de las culturas del mundo, se han requerido siempre aparatos de ataque o defensa”.

Ejemplo de ello son urbes mayas como Becán (cuyo nombre en español significa “cavidad dejada por el correr del agua”) con un largo foso que protege su zona principal, o Tulum, donde aún existen restos de su muro perimetral. Incluso, comentó, se tienen casos como la ciudadela de San Benito, en Mérida, construida sobre un amplio basamento prehispánico, pero casi desaparecida tras haber sido fraccionada a lo largo del siglo XIX.

Hasta el momento, en materia de patrimonio edificado con fines defensivos, se tiene el registro de cinco fuertes: San Felipe de Bacalar, Quintana Roo; San Carlos de Perote y San Juan de Ulúa, Veracruz, San Diego de Acapulco, Guerrero, y Loreto y Guadalupe, en Puebla; siete baterías de litoral en Campeche y una más en Antón Lizardo, Veracruz; el Palacio-Fortaleza de Hernán Cortés, en Morelos; la vigía de Sisal, en Yucatán; tres polvorines en Campeche, Veracruz y Acapulco; radas fortificadas como la Contaduría de San Blas, en Nayarit, o los numerosos presidios del norte de México. Sin embargo, este foro busca crear un catálogo pormenorizado del número y condición actual de la arquitectura militar del país.

“Las fortalezas mexicanas inician con la casa-fuerte de la Villa Rica de Veracruz, de la que hoy sólo quedan basamentos, para luego integrarse a un sistema más amplio y articulado que incluye al Golfo de México y el mar Caribe por el océano Atlántico, y a fuertes de todo el litoral del Pacífico”.

Posteriormente, conflictos como la piratería o las guerras entre Inglaterra y España, aunó, derivaron en el amurallamiento de Campeche y Veracruz (este último derruido a excepción del baluarte de Santiago, en su extremo derecho), así como en la construcción de vigías, baterías y reductos para repeler a los barcos invasores; o polvorines en las afueras de ciudades como Acapulco, Mérida, Champotón, Sisal, Bacalar y Del Carmen.

El coordinador técnico del Centro INAH Veracruz, Francisco Muñoz, añadió que esta reunión será clave para homologar los trabajos de conservación y señalización, entre otros aspectos inherentes como el turismo cultural, bajo los estatutos del INAH, debido a que muchos de los inmuebles fortificados son propiedad de autoridades municipales, estatales o del Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales.

Otra tarea del encuentro académico será analizar el uso actual de estas construcciones, luego de que al dejar de ser útiles como fortificaciones hacia fines del siglo XIX, se usaron como almacenes, cuarteles, prisiones y, recientemente, como sede de recintos museísticos o archivísticos.

José Enrique Ortiz Lanz explicó que fuertes como los de San Diego y San Juan de Ulúa, en Guerrero y Veracruz, respectivamente, han requerido grandes inversiones, en el caso del recinto de Acapulco para volver su arquitectura —propensa a la humedad y el deterioro— apta para fines museísticos, y en el otro inmueble para estabilizar el arrecife sobre el cual está construido, ello ante el avance de la mancha urbana y portuaria de los siglos XX y XXI.

En el acto inaugural del foro se llamó también a recuperar la memoria oral sobre los sucesos que han ocurrido en este tipo de edificaciones, y a evitar que la especulación inmobiliaria degrade sus terrenos aledaños o campos de tiro, en razón de que eran elementos prioritarios en las acciones defensivas.

Finalmente, el arqueólogo Luis Fernando Álvarez, director de la Red de Fortalezas de México, comentó que este organismo, creado como resolutivo de dos juntas internacionales llevadas a cabo en Campeche y la ciudad chilena de Valdivia, en 2004 y 2005, respectivamente, busca establecer vínculos con autoridades de otros sitios fortificados en Brasil, Argentina, Cuba, Estados Unidos y Colombia, entre otras naciones del continente para establecer líneas de cooperación en torno a los monumentos o sitios fortificados.

El objetivo del 1er Foro Nacional de la Red de Fortalezas de México, concluyó, es formar un expediente técnico internacional y revisar la posibilidad de incluir dicha red en la Lista Indicativa Nacional de Patrimonio Mundial, que consiste en un inventario de los bienes que se consideran patrimonio cultural y/o natural de valor universal excepcional, cuya candidatura tiene la intención de ser propuesta en los próximos años ante la UNESCO.