Con más calentura que un presidenciable a punto de destaparse, me presento a escribir estas líneas llenas de ojos que gritan y dedos que miran lo que va pasando mientras me destazo un poquito con cada palabra.
Y es que esta fiebre que me tiene al borde del Delirium Tremens, tal vez se deba a la dosis de realidad que recibí estos últimos días al ver a los míos.
Mis tíos de Veracruz están a punto de vender su restaurant porque ya no pueden pagar la “seguridad” de los Zetas; mi familia del Istmo de Tehuantepec sigue llorando la pérdida de uno de los amigos de antaño que fue levantado; los de Guadalajara no pudieron venir por miedo de los retenes en la carretera y los narco bloqueos cotidianos; el pueblo de mi novia en Durango es tierra de aquellos que imponen su ley por sus pistolas largas y sus huevos grandotes. Miedo, incertidumbre, resignación, son las constantes en sus palabras.
Y para rematar fui a ver “Presunto culpable”. Me llené de impotencia, de rabia, pero a la vez de esperanza de ver que eso de que los pequeños cambios pueden llegar lejos, sí puede pasar en este terriblemente bello país.
Pero todo lo anterior se completó con que la fiebre me llevara a imaginar realidades ficticias, situaciones que tal vez nunca serán:
– Imaginé a Margarita Zavala llegando a su cuarto después de asistir a la premier de “Presunto culpable” y decirle a nuestro Felca querido: “Amor, estamos de la chingada”.
-Imaginé que por sus chanclas nos invadían los gringos y el ejército y los cárteles unían fuerzas para partirles su mandarina a los marines.
-Pensé por un momento que podía regresar a la playa de San Mateo del Mar sintiendo únicamente el agua limpiando mis pies y no el miedo de que en cualquier momento me levanten.
Creo que cuando uno está en este estado físico es cuando salen a flor de piel sus miedos, sus jugos más profundos, sus demonios.
Sería tan fácil no querer ver lo que está pasando, inhalar una raya de coca y sentirme a toda madre, no luchar contra estas ganas de enajenarme. Y entonces me pregunto qué siente la juventud mexicana del desmadre que impera y del que nos espera… con razón tantos se hacen weyes.
Pero bueno, me dispondré a imaginar el futuro de ensueño en el que tenemos legisladores con la humanidad de Heberto Castillo, Secretarios de Estado a la Vasconcelos, un Presidente que no llegue al poder a base de hacer creer que su rival era un peligro para México… me pregunto qué cosas abominables habría hecho el peje para tenernos peor que como estamos hoy.
No me pelen, estoy bien caliente.
