Japón vuelve a apostar por la energía nuclear con el reinicio de la mayor planta del mundo

Tokio, 10 de febrero de 2026.— Japón dio un paso decisivo en su estrategia energética al reactivar el reactor número 6 de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, considerada la planta nuclear más grande del mundo por capacidad instalada, luego de permanecer fuera de operación por más de una década tras el accidente de Fukushima en 2011.

La central, ubicada en la prefectura de Niigata y operada por Tokyo Electric Power Company (TEPCO), inició nuevamente operaciones después de superar ajustes técnicos que habían obligado a suspender un intento previo de arranque a finales de enero. La empresa confirmó que el reinicio se realizó sin incidentes y bajo estrictos protocolos de seguridad.

Regreso gradual a la operación

El reactor 6, con una capacidad aproximada de 1 356 megavatios, comenzó una fase de incremento progresivo de potencia. De acuerdo con TEPCO, si las inspecciones finales avanzan conforme a lo previsto, la unidad podría entrar en operación comercial a mediados de marzo.

Kashiwazaki-Kariwa cuenta con siete reactores y una capacidad total cercana a los 8 000 megavatios, lo que la convierte en un pilar clave para el sistema eléctrico japonés, especialmente ante el aumento de la demanda energética y la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles.

Contexto energético y climático

El reinicio de esta central forma parte del plan del gobierno japonés para reducir la dependencia del gas y el petróleo importados, fortalecer la seguridad energética nacional y cumplir con los compromisos de reducción de emisiones de carbono hacia 2050.

Tras el desastre de Fukushima, Japón cerró la mayoría de sus plantas nucleares y endureció los estándares regulatorios. Desde entonces, el regreso de la energía nuclear ha sido gradual y sujeto a evaluaciones técnicas y sociales rigurosas.

Debate y vigilancia permanente

A pesar de la autorización oficial, la reactivación ha generado preocupación entre residentes y grupos ambientalistas, quienes alertan sobre los riesgos sísmicos de la región y exigen máxima transparencia en las operaciones. Las autoridades regulatorias han asegurado que la planta cumple con las normas de seguridad más estrictas del país.

El desempeño de esta unidad será clave para definir el futuro de otros reactores de la central y marcará el rumbo de la política nuclear japonesa en los próximos años.

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