Esqueleto de “El Peatón” de Jaime Sabines, carne de 50,000 ejecutados.
Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que eventualmente Felipe Calderón será encarcelado por crímenes de lesa humanidad. O cuando menos acusado ante la Corte Penal Internacional. O recordado con el paso de los años como un personaje macabro en la historia de México, valioso. O simplemente, pero realmente, un presidente espurio.
Le llega la noticia a Felipe y éste se alegra: ¡Qué maravilla! ¡Seré recordado! ¡Seré un ex presidente importante! ¡Seré historia viva!
Convencido, sale de Los Pinos, o llega a ellos, convencido. Pero en la calle nadie, y en Los Pinos menos: nadie se da cuenta de que será recordado. ¿Por qué los defensores de México no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?
¡Dios mío!, dice Felipe. Tengo que ser levantado o ejecutado, o enterrado en una narco fosa como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de baja colateral.
¡Eso es!, dice Felipe. No soy un presidente espurio: soy una baja colateral de la historia.
Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.
Con esta pequeña sátira les comunico lo que cada vez se escucha con mayor frecuencia. Y es que si a Zedillo ya lo andan linchando por la matanza de Acteal, no me imagino lo que los laureles de la historia le tienen preparado a nuestro Comandante en Jefe.
Es un misterio que solo el tiempo disipará, pero del cual alcanzo a vislumbrar algunas cosas. Al menos me veo explicándole a mis hijos que Felipe no tuvo la culpa de todo lo que pasó (porque ya será pasado el presente comanches, se los prometo), pero que sí cometió errores gravísimos que no quiso reconocer a su tiempo y menos asumir la responsabilidad; nos veo (a ti, a mí y a nuestros hijos) visitando el muro del Holocausto cada 11 de diciembre (día que inició la batalla en el 2006) para recordar a todos los caídos en estos tiempos de ira, dolor y desasosiego; veo un México que aprendió a base de mucha sangre que la insensatez del amor es preferible a la sensatez de las armas.
No hay fecha que no se cumpla, ni deuda que no se pague. A todos nos llegará la hora de enfrentarnos con aquello (o aquellos) que negamos. A Felipe también le llegará esa hora. ¿Estará listo para cuando la humanidad le pida rendir cuentas? No lo sé; pero si hoy se niega a cumplir su palabra con Javier Sicilia y las víctimas de su guerra estúpida, creo que no es una buena señal.
Clase Política: No te importamos, no nos importas. ¡2 de julio votamos en tu contra! LI
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