Nos fuimos a Sayula, a recorrer sus alrededores, a pisar la tierra quemante, seca, árida, donde sólo las lagartijas moran. Anduvimos nuevamente por “Comala”. Escuchamos la voz de las almas, el relinchar de aquel caballo. Uno de sus hijos andaba en busca de Pedro Páramo. Su madre, al morir, le dio la encomienda de que lo buscara. “Cóbrale caro lo que nos hizo”, le dijo al hijo. El hijo, que veía morir a su madre, estaba con ganas de prometer todo lo que fuera. Sin embargo, su promesa de cobrarle a su padre el abandono en el que los tuvo, no era real. Algunos hijos buscan al padre desconocido, sólo para comprobar que tuvieron padre.
Compartimos una lectura, abriendo el tomo que contenía las dos obras máximas de Juan Rulfo. No solamente los amigos lectores, que se conectan a rcmultimedios.mx estuvieron atentos. Con ellos ensayamos una de las técnicas grupales que aplicamos en diversas escuelas Secundarias, por varios años. Organizados en corrillos, contando con los libros que existían en nuestras bibliotecas de aula, principalmente en las aulas de Español, realizábamos la lectura de manera rotativa. Los muchachos disfrutaban mucho y aprendían a leer, a admirar a los grandes escritores. Juan Rulfo, con solamente dos obras, alcanzó la grandeza de muchos otros latinoamericanos y del resto del mundo.
La tristeza nos embargó una vez más, como sucede cada vez que releemos “No oyes ladrar los perros”. La pobreza de nuestros pueblos, la ignorancia que aqueja a muchos miles de mexicanos, sobre todo en el medio rural e indígena, nos llena de dolor. El papá campesino llevando a cuestas al joven hijo, herido, vencido por sus errores. El padre, cumpliendo con tratar de salvarlo de la muerte, cargándolo sobre la espalda, por varios kilómetros, en busca del médico. A punto de caer de cansancio, todavía le reclama al hijo moribundo, por haber sido tan mal hijo, tan violento, que hasta mataba a gente buena, entre ellos a su padrino.
Eran los últimos momentos de vida del hijo…no alcanzaría a llegar con vida a Tonaya, adonde su padre trataba de llevarlo. Ni una luz, ni una esperanza, ni un ladrido de perro les acompañó en su travesía, en su dolor. La emoción nos invadió nuevamente al leer a Juan Rulfo. El personal de rcmultimedios también estuvo atento. Se contagiaron de la emoción del momento. Antes, al inicio del programa, habíamos agradecido al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el saludo y la felicitación que enviaron a la empresa, porque “ la cultura siempre será un remanso al que podamos acudir, cuando la crudeza de la vida cotidiana nos empuje a buscar respuestas más profundas acerca de la naturaleza humana”.
Tales palabras nos hacen sentir que no estamos solos y que no predicamos en el vacío. A esta fecha hemos hilvanado tres vidas, la de Pablo Neruda, la de Octavio Paz y Juan Rulfo. Tres inmensos escritores que deben ser ejemplo para los jóvenes de hoy. Pero para seguirlos tienen que conocerlos a través de sus obras. Hay muchos libros repartidos, almacenados en los anaqueles de las bibliotecas. Ojalá que hubiera uno que otro libro de calidad en cada hogar mexicano. Y que los padres, sobre todo la maestra, que es la mamá, dedicaran unos minutos del día a leer con sus hijos. Porqué no restarle un poco a la tele y dedicarle ese tiempo a los libros.
