Mientras los fabricantes de vehículos eléctricos se esfuerzan por aumentar la duración de sus baterías, otras empresas desarrollan la tecnología necesaria para reciclar el aluvión de acumuladores gastados que se avecina. En la Unión Europea, actualmente, solo se reciclan el 5 % de las baterías de litio que salen al mercado. Se estima que el sector del reciclaje de baterías de litio crecerá a una tasa del 22,1 % anual hasta alcanzar los 23.720 millones de dólares en el 2030.

En el recién concluido 2017 se duplicaron las ventas de coches eléctricos e híbridos en España respecto al año anterior. Se comercializaron algo más de 13.000 unidades, según los datos del último informe de la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico (AEDIVE). Una cifra que, a pesar de suponer un signo de crecimiento para el sector, queda muy por detrás de los números que manejan otros países.

En Noruega, la mitad de las matriculaciones del 2017 corresponden ya a vehículos eléctricos e híbridos —en nuestro país el porcentaje fue del 5,1 %—. Alemania, Francia y Reino Unido, que planean prohibir la venta de los diésel y gasolina en el 2040, también se sitúan a la cabeza de la Unión Europea en movilidad eléctrica.

Si bien el mercado europeo crece a pequeños pasos, aún está muy lejos de alcanzar las arrolladoras cifras de Estados Unidos o China. El país asiático se consolida como el líder absoluto a nivel mundial en volumen de ventas: solo entre enero y septiembre del 2017 se comercializaron 227.000 unidades.

Ir a la zaga, sin embargo, puede presentar una pequeña ventaja para los estados del Viejo Continente. Aun no tienen que enfrentarse a la creciente montaña de baterías agotadas con la que ya tiene que lidiar el Gobierno, la industria de la automoción y las empresas de reciclaje en el país oriental. Los vehículos eléctricos comenzaron a venderse en China en 2009, así que muchas pilas están llegando al final de su vida útil.
Manejar las cerca de 170.000 toneladas de residuos de baterías de litio, ricos en metales pesados y compuestos tóxicos, que se estima producirá el gigante asiático este año plantea varios retos. Por un lado, aunque su gestión supone una oportunidad de negocio para empresas de reciclaje como las firmas Jiangxi Ganfeng Lithium o GEM —dueña de la mayor planta de desmantelamiento de baterías de China—, el alto coste del proceso y la falta de estandarización complican el reciclaje de estos dispositivos a gran escala.

Por otro lado, las medidas tomadas por el Gobierno, que obligan a los grandes fabricantes de vehículos a abrir sus propias plantas y a cerrar a aquellas demasiado contaminantes, no parecen suficientes ni existen incentivos a su cumplimento. Si bien son responsables del reciclaje de las pilas, la mayoría de marcas firman acuerdos con proveedores para que lo hagan en su lugar.