Con la aprobación de mi conciencia y seguramente la desaprobación de los amantes del maestro Jaime Sabines.
No es que muera de amor. Muere de ti, México, de amor de ti, de urgencia mía de mi sentir de ti, de mi alma, de ti y de mi Felca querido y del insoportable que soy yo sin “La rosa de Guadalupe”.
Muero de ti y del PRI, muero de AMLO, de nosotros, de esa eterna desgarrada elección, me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en los decapitados que están colgados solos, en tu país donde faltas, en la calle donde camino con miedo, en el cine y los parques, el metro, los lugares donde mi seguridad acostumbraba tu estabilidad y mi mano tu mordida y todo yo te sabía como a mí mismo.
Morimos en el Estado fallido que declaran los estadistas para que estés fuera de mí, y en el lugar en que las garantías se acaban cuando nos echan las balas encima y nos mutilamos entre nosotros, separados del mundo, desdichados, penetrados, y cierto, interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran en Presidencia, nos morimos entre los dos ahora, separados, del uno al otro, diariamente, cayéndonos en múltiples narco fosas, en corruptelas que no queremos ver, en nuestras manos que cortan cabezas.
Nos morimos, México, muero en tu tierra que no muerdo ni beso, en tus instituciones terriblemente podridas, en tu agonía sin fin, muero de máscaras, de alianzas oscuras e incesantes. Muero de mi cuerpo baleado y de tu cuerpo mutilado, de nuestra muerte México, muero, morimos. En el pozo del Congreso de nuestra Desunión, inconsolable, a gritos, dentro de mí, quiero decir, te llamo, te llaman los que nacen, los que mueren dentro de ti, los que a ti no llegan.
Nos morimos, México, y nada hacemos sino morirnos más, hora tras hora, y balearnos y decapitarnos y morirnos.
La poesía está en todas partes, incluso en algunos libros…
