De acuerdo con el Banco Mundial, la pobreza es un fenómeno multidimensional que incluye incapacidad para satisfacer las necesidades básicas, falta de control sobre los recursos, falta de educación y desarrollo de destrezas, deficiente salud, desnutrición, falta de vivienda, acceso limitado al agua y a los servicios sanitarios, vulnerabilidad a los cambios bruscos, violencia y crimen, falta de libertad política y de expresión.
Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) señala que la noción de pobreza expresa situaciones de carencia de recursos económicos o de condiciones de vida que la sociedad considera básicos de acuerdo con normas sociales de referencia que reflejan derechos sociales mínimos y objetivos públicos. Estas normas se expresan en términos tanto absolutos como relativos.
Para el Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, la pobreza es ante todo la privación de las capacidades básicas y derechos de las personas; por lo que la pobreza no debe concebirse meramente como la falta de ingresos, que es el criterio habitual con el que se identifica la pobreza.
Tomando en consideración estos criterios y aterrizando este fenómeno a nuestra realidad nacional, podremos entender mejor las causas que han propiciado que los niveles de pobreza en el país se hayan disparado en los últimos años.
De acuerdo con estadísticas del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) 3.2 millones de personas ingresaron a las filas de la pobreza multidimensional. Entre 2008 y 2010 el número de personas en situación de pobreza en México subió de 48.8 millones a 52 millones, lo que significa que el 46.2% de la población se encuentra en esa situación, contra el 44.5% que lo estaba en 2008.
Por su parte, la pobreza patrimonial pasó de 45.5 millones en 2006 a 57.7 millones en 2010, es decir, se trata de un aumento del 27%. Lo revelador de los datos es que nos demuestra que la mitad de los mexicanos es pobre.
Además, el porcentaje de personas con carencia por acceso a la alimentación pasó de 21.7% (23.8 millones de personas en 2008) a 24.9% (28 millones de personas en 2010) lo que representa un aumento de 4.2 millones en dicho periodo.
En su informe titulado Panorama Social de América Latina, la Cepal señala que durante 2010, 36.3 mexicanos de cada cien estuvieron en condiciones de pobreza, cifra superior a la registrada en 2008, cuando la tasa de pobreza era de 34.8%.
Si partimos del hecho de que la eficacia de un gobierno se mide por el bienestar que genera para que su población cuente con los niveles mínimos de bienestar, pues nos encontramos con que el actual gobierno no ha sido lo eficaz ni lo efectivo que dice ser, ya que los índices de pobreza, en cualquiera de sus niveles, va en aumento en México.
Es necesario que todos los mexicanos conozcamos la magnitud de la pobreza en el país, pues sólo con información dimensionaremos los desafíos que debemos enfrentar y asumir para erradicarla.
El primer desafío será enfrentar nuestro crecimiento económico débil (en lo que va del presente sexenio el promedio de crecimiento económico apenas alcanza el 1%) y trabajar –con reformas legislativas, programas gubernamentales, etcétera– para revertirlo y para que México por fin crezca y transite en la vía del desarrollo sostenido.
El diagnóstico es preciso y las recomendaciones vienen de todas partes y son ya conocidas: hacer crecer la economía, potenciar la productividad, reforzar el mercado interno, crear empleos bien remunerados, mejorar el sistema de protección social que garantice una buena educación, salud y vivienda, además de seguros de vejez y desempleo. A groso modo, podemos darnos cuenta de la dimensión del reto que enfrenta México.
El problema estriba en saber hasta dónde los mexicanos nos vamos a comprometer con las grandes reformas que se necesitan para lograr los cambios, o hasta dónde nos vamos a quedar con un nacionalismo mal entendido, que sólo propone que las cosas cambien para que todo siga igual. Transitar hacia el futuro de un México mejor para todos requiere sacrificios, requiere modernizar las visiones, evolucionar en las ideologías, en nuestra democracia. La decisión está en nuestras manos.
