Mohamed El Baradei, premio Nobel de la Paz de 2005 por sus esfuerzos como director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica, era hasta su nombramiento como primer ministro interino líder del Frente 30 de Junio y una de las figuras más prominentes de la oposición egipci -según nota de El PAÍS-.

Este exdiplomático de 71 años adquirió un gran prestigio internacional —sobre todo en el mundo árabe, pero también en Europa— por el pulso que echó a la Administración de George Bush al cuestionar la validez de las pruebas estadounidenses acerca de la existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de Sadam Husein. El Baradei lideraba entonces las inspecciones en Irak de la ONU.

Cuando estalló la primavera árabe, a principios de 2011, El Baradei regresó a Egipto con la intención de liderar la transición. Su llegada a El Cairo causó una verdadera conmoción. Varios miles de personas acudieron a recibirle mostrando las expectativas que despertaba. Sin embargo, el entusiasmo inicial se evaporó casi con la misma rapidez que había surgido.

El Baradei, que siempre ha dejado claro que no era un político profesional, sino un hombre dispuesto a asumir un compromiso —el de encabezar una transición democrática en su país—, no quiso entrar en el juego de enfrentarse directamente al régimen convocando manifestaciones que inevitablemente iban a desencadenar la represión.

Una vez derrocado Mubarak, llegó a presentar su candidatura a la presidencia, pero la retiró en enero de 2012. “El antiguo régimen todavía no ha caído”, alegó entonces, subrayando que los militares están gobernando “como si ninguna revolución hubiera tenido lugar”.

Este miércoles, cuando se produjo el golpe de Estado, aseguró que el plan de los militares es un “paso hacia la reconciliación nacional” y que “responde a las demandas del pueblo egipcio”.