JUÁREZ Y LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

En 2006, en el contexto de la cuestionada elección que llevó a la presidencia de la República a Felipe Calderón y del conflicto político que ocurrió en Oaxaca, se conmemoró el Bicentenario del Natalicio del más universal de los oaxaqueños, Benito Juárez García. Fue un año de grandes simbolismos y mayores retos.

En medio de la crispación imperante, a lo largo del año, además de los actos protocolarios, la Comisión Organizadora de los Festejos del Bicentenario celebró diversos eventos; de los más destacados citaría tres: El 18 de julio, en el majestuoso patio de la Escuela de Bellas Artes de nuestra Alma Mater, la Universidad Autónoma Benito Juárez, se realizó el estreno Mundial de la obra sinfónica “Elegía a Juárez”; la celebración, el 23 y 24 de agosto del Seminario Internacional “Gobernabilidad Democrática”; y la presentación a fines de diciembre de la Carpeta Gráfica de pintores oaxaqueños en honor al Benemérito.

De los tres momentos quedarán para siempre testimonios reales. Ahí están las notas y acordes de la Sinfonía; del Seminario está editada la memoria con las intervenciones de todos los ponentes, los ex presidentes de Ecuador y Colombia, Rodrigo Borja y Ernesto Samper, respectivamente, Phillipe Rodríguez, José Manuel Martínez Sierra, José Fernández Santillan, Ricardo Núñez, Margarita Zapata, Roberto Viciano Pastor, Rolando Araya Monge, Modesto Seara Vázquez, José Pasos, Enrique González Casanova; incluyendo las sesiones de debate que fueron intensas.

En cuanto a la Carpeta Gráfica, se trata de una obra de un grupo de pintores oaxaqueños que posee una dimensión expresiva inédita. De ella escribí para su presentación que es única en nuestros tiempos por su vinculación con la obra de Benito Juárez; en los grabados que la integran se entrelazan momentos paradigmáticos de la historia política y del arte que hace historia en Oaxaca; cada original múltiple manifiesta una preocupación humanística que los ubica –sin duda- como una obra para todos los tiempos.

Cada autor encontró en su trabajo la materialización de sus utopías juaristas, con una visión contemplativa del mundo; cada cuadro se comporta como una imagen congelada tomada de una secuencia histórica donde el actor principal, Juárez, deja su rol protagónico a la vivencia del hacedor; en tal colección que ya forma parte del acervo histórico de por lo menos 28 museos de Latinoamérica y del mundo, quedan plasmadas las visiones de sus creadores de aquí a la eternidad, constituyendo un testimonio que trascenderá centenario tras centenario que se conmemore.

Por ello, a 11 años de su elaboración y presentación, es justo reconocer y recordar a los creadores gráficos que participaron, plasmando en un silencio visual sus exaltaciones poéticas, su vitalidad, inquietudes, ilusiones, sueños y sensualidad; evidenciando que para ellos la alegría de vivir es inseparable a la alegría de pintar; es como decía Flaubert –de su vocación literaria- “una manera de vivir, la única posible, aquella, gracias a la cual surge un orden nuevo dentro del caos que salva de la desintegración espiritual”: Fernando Andriacci, Azteca de Gyves, Enrique Flores, Justina Fuentes, Emiliano López Javier, Eddie Martínez, Lorena Montes, Efraín Morales, Marco Palma, Mariano Pineda Matus, Rolando Rojas, Alejandro Santiago y Crispín Valladares.

Honor especial en este esfuerzo histórico merece mi inolvidable amigo Juan Alcázar, sin cuyo talento, perseverancia y decisión, aún en las condiciones más adversas, no se hubiera arribado al momento culminante. Para él, para ti, Juan, donde estés, con la seguridad de que volveremos a encontrarnos, respeto y admiración por siempre.

Volviendo al Seminario de Gobernabilidad Democrática, su realización, en las condiciones que privaban cobra con el paso del tiempo una dimensión especial. No sólo por su contenido en conceptos, juicios y definiciones, incluso por las dificultades logísticas que significó su organización. Pero también al día hoy en que partidos, grupos de interés, poderes fácticos, personajes de los más disímbolos orígenes e historias, se alinean con las opciones que se perfilan como reales de cara al 2018; se “suman” con singular entusiasmo en lo que se advierte como la crónica anunciada, de una Torre de Babel política, un coctel molotov y hasta un predecible choque de trenes; pocos son los que ponen el acento en el “Día Siguiente” al de las elecciones.

Gane quien gane, el gran reto, el dilema fundamental será cómo construir la gobernabilidad democrática que requerirá el país. Por supuesto el patriotismo, la congruencia, la tenacidad, el valor, incluso el poner a disposición de la Nación la vida misma como lo hizo Benito Juárez, son un referente no sólo histórico sino real; condiciones de las que carecen la gran mayoría de los que ahora se ostentan como salvadores -o salvadoras- de la patria.

Al respecto, en aquel agosto de 2006, Rodrigo Borja, con la sabiduría de la teoría y la práctica, puntualizó: “la gobernabilidad democrática es un concepto enteramente preciso, porque paradójicamente los problemas de la gobernabilidad, es decir, los problemas que tienen que ver con una razonable capacidad de mando, de conducción política y de disciplina democrática que pueda alcanzar una sociedad, se suscitan únicamente en los regímenes democráticos y no en los autoritarios”.

“Lo cual movió a un político europeo, años atrás cuando observaba los escollos que se oponían al proceso de democratización de Europa del Este, a decir irónicamente que ¨con Leonid Breznev las cosas eran más sencillas¨. Y claro que lo eran, porque cuando una voluntad omnímoda sustituye el diálogo democrático, se arreglan los problemas de la gobernabilidad. Lo complicado está en gobernar los Estados en el marco del respeto absoluto a las libertades de los gobernados, en medio de consensos democráticos, del debate abierto de las ideas, de la convivencia con las discrepancias, el respeto a los fueros de la oposición política, el acatamiento a los Derechos Humanos, de observación de la autolimitación jurídica y moral que implica el ejercicio de un gobierno Constitucional”.

“El gran reto, por consiguiente, es el de lograr dentro de la democracia el adecuado y fecundo equilibrio entre autoridad y libertad, que son dos valores sociales en permanente pugna. Ya señalaba hace dos siglos y medio Mostesquieu, que es una contradicción eterna, que toda persona que ejerce el poder tiende a abusar del poder que ostenta y que toda persona que tiene libertades, tiende naturalmente a abusar de la libertad que le conceden las leyes”.

Por mi parte, soy un creyente de la democracia. Aunque en una perversa, ilegal y cobarde interpretación de la misma, se me haya convertido en un perseguido político, sigo sosteniendo lo que expresé en la Inauguración del Seminario aquel agosto del 2006: Ante los problemas de la democracia, siempre más democracia, nunca menos democracia; ante los problemas de la política mejor calidad de la política, no antipolítica; necesitamos mejores instituciones democráticas, más eficiencia en el liderazgo político; tenemos que ser más tolerantes, tener más sentido de humildad política y fundamentalmente tenemos que estar conscientes que los problemas que nos aquejan, no son problemas de falta de democracia, sino de la democracia que hemos construido.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?


RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh