HOUSE OF CARDS: LA REALIDAD SUPERÓ A LA FICCIÓN.



Durante cinco temporadas House of Cards, la serie más exitosa (lo dicen las estadísticas) de Netflix, nos regaló todo un catálogo de las malas artes de la política aplicadas sin el menor rubor ni cargo de conciencia por Frank –Francis- Underwood y su no menos ambiciosa y despiadada esposa, Claire Underwood.

Siempre he validado la definición de un politólogo muy respetable de que “la política no es un bosque de unicornios azules”. Sin embargo, los Underwood nos mostraron no solo el glamour que rodea y se vive en la Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos, las fastuosas recepciones, los debates, el blindaje de la seguridad, las cuidadosas formas para enfrentar a la prensa; en una idea: el idílico mundo del poder; sino también con descarnada crudeza nos muestran los sucios y brutales medios de que se valen para alcanzar sus objetivos: En dónde matar, mentir, engañar, traicionar, violar, burlar y demás son válidos y sólo parte de su estrategia en donde el fin justifica cualquier decisión.

Largo sería realizar una crónica del desarrollo de la serie; ninguna temporada tiene pierde. Me cuesta mucho trabajo identificar la jugada más arriesgada o más cruel; lo mejor es remitirse a muchas de la definiciones de Frank Underwood en momentos culminantes de las que, incluso volteando a ver la cámara, nos hacía cómplices. Aunque, tal vez, me quedo con una de las pocas en sentido positivo que pronuncia cuando hace caer a su mejor aliada del favor y el espacio de confianza que ocupaba al lado del presidente, al que ya estaba en proceso de traicionar para ascender él; y su antigua amiga le estorbaba –por su lealtad y honestidad- en sus planes, al reconocer “jugó para ganar y perdió. Hoy la respeto más que nunca”.

Aquí algunas definiciones más que lo perfilan: “No nos sometemos al terror. Nosotros creamos el terror.” “A veces, la mejor manera de ganar el respeto de tus superiores es desafiándolos.” “Siempre he detestado la necesidad de dormir. Al igual que la muerte, pone incluso a los hombres más poderosos de espaldas.” “Los momentos así requieren de alguien que actúe, que haga lo desagradable, lo necesario.” “La democracia está sobrevalorada.” “Los amigos son los peores enemigos.” “El camino hacia el poder está pavimentado de hipocresía.” “No existe la justicia, solo partes satisfechas”. Citando a Oscar Wilde argumentó con sobrada razón “Todo se trata del sexo excepto el sexo. El sexo se trata de poder”. Otras más que lo definen “No somos nada más ni nada menos que lo que escogemos revelar de nosotros. Quizá crean que soy un hipócrita…pues deberían hacerlo.” “La naturaleza de las promesas es que permanecen inmunes a los cambios según las circunstancias.” “Hay dos clases de dolor, el dolor que te hace fuerte y el dolor inútil, ese dolor que sólo provoca sufrimiento…no tengo paciencia por las cosas inútiles.” “Hay muchas cosas sagradas a las que les tengo respeto, las reglas no están entre ellas.” “Empezar de cero suena a cero a la izquierda, me gusta empezar de nuevo”.

En esas estábamos, esperando el desenlace de la sexta temporada, cuando Anthony Rapp, un actor de actual reconocimiento por su participación en Star Trek: Discovery, declaró a la revista digital Buzz Feed que Kevin Spacey lo intentó seducir cuando tenía catorce años; Spacey alegó no recordar el hecho por el tiempo transcurrido y el estado etílico en que se encontraba y aprovechó para declararse abiertamente homosexual. A la revelación de Rapp se sucedieron otras del mismo equipo que filmación de House of Cards, señalando a Kevin Spacey como un “depredador” por sus continuos abusos y avances sexuales contra miembros masculinos en el rodaje. Conclusión: Netflix suspendió indefinidamente la filmación de la temporada tan esperada y dejó en suspenso la decisión sobre el final de serie. O tal vez nos tendremos que quedar con el –final- de la quinta temporada, en el que una empoderada Claire Underwood, después de negarle el indulto a su marido, advierte “ahora me toca a mí”.

Como se advertirá, intensos tiempos los nuestros en los que la realidad supera a la ficción. Sea la presidencia de Trump, el conflicto español-catalán, el Brexit, las masacres en África, el terrorismo que agobia al mundo; y ahora por si algo faltara, el derrumbe de íconos de la industria cinematográfica.

En los últimos años, Kevin Spacey ha consumado una brillante carrera actoral. Acostumbrado a priorizar su vida en los teatros de Londres, sus incursiones en la pantalla siempre rozaban lo magistral. En este contexto House of Cards ha sido un referente cultural en el último lustro. ¿Qué amante de la política no se ha horrorizado, obsesionado, cuestionado, perturbado o maravillado de las fechorías de Frank Underwood en su anhelo por el poder absoluto y sin contrapesos?

Ahora sabemos que el autoritarismo de Underwood tenía sustento en las prácticas predatorias de su intérprete. Siempre desde una posición de poder, durante años acosó a jóvenes para satisfacer sus impulsos carnales. Los múltiples testimonios recabados no dejan lugar a dudas del patrón. Ya fuese en una fiesta hace treinta años, en ensayos de teatro, o en el set de House of Cards, Spacey acorralaba a sus víctimas, sabiéndolas vulnerables y abrumadas ante su figura de autoridad. ¿Cómo revelarte contra Kevin Spacey, actor, productor, director y personaje consagrado de fama mundial?

El sigilo con el que durante años llevó su vida privada fue roto estrepitosamente por las primeras acusaciones, ante las que torpemente intentó poner su homosexualidad como argumento, justificación o pretexto. Su preferencia sexual es irrelevante al momento de advertir sus actitudes de acoso y violencia sexual contra seres humanos, sin importar su género.

No es descabellado pensar que, más allá de los nuevos proyectos que emprenda, la carrera del hasta hace dos semanas ícono actoral está seriamente tocada. Es de reconocerse la valentía, coraje y arrojo de las víctimas que han destronado al dictador; lamento la súbita partida del autoritario ex presidente Francis Underwood. Ahora todo el poder está en manos de su esposa Claire Underwood.

Al final la necia realidad superó a la ficción.


Suele suceder.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh