ILDEFONSO ZORRILLA CUEVAS: EN RECUERDO DE UN GRAN AMIGO



Se cumplieron ayer 12 años de la partida de Ildefonso Zorrilla Cuevas –Poncho para sus amigos-. Seminarista, abogado, maestro, camarada en mil batallas, extraordinario hijo, hermano, esposo y padre; leal a sus afectos a carta cabal y generoso, incluso con sus adversarios a quienes enfrentaba y vencía con su inteligencia, consistencia intelectual y fina ironía. Formado en el seminario donde abrevó de la teología parte de su formación, completada con la lectura a fondo de las tesis de los clásicos, desde Aristóteles, Platón, Cicerón, Demóstenes, Virgilio, Tácito, hasta Descartes, Kant, Hegel, Marx y Ortega y Gasset; no por casualidad Tirios y Troyanos, amigos y otros -no tanto- lo llamaban El Filósofo.

A Poncho, permítanme llamarlo así, por la cercana cercanía –perdón por el pleonasmo- que mantuvimos en una parte de nuestra vida personal y política. Lo conocí allá por 1985, yo tenía una muy clara referencia de él, a partir de cuando, en medio de la crisis que vivía nuestra Universidad Autónoma Benito Juárez, llegó como Rector a reencauzar su vida institucional pero nunca habíamos coincidido. Un día, Javier López Moreno, chiapaneco, amigo de Poncho desde los tiempos en que incursionó como Delegado del INI por aquel estado me preguntó “¿conoces a Poncho Zorrilla?” al responder negativamente, me dijo “los voy a juntar, dos oaxaqueños inteligentes deben conocerse”. Y lo hizo, a los pocos días disfrutábamos de un buen mole negro, chapulines y tlayudas, además de un buen mezcal, en el “Marques de Oaxaca” un restaurante por los rumbos de la colonia Roma.

Desde el primer momento hubo química, comenzamos a reunirnos con frecuencia; pronto le presenté con Arturo Núñez Jiménez de quien yo era Subsecretario en el CEN del PRI y se complementó una trilogía de amigos –y compadres- sólida y para siempre. Ya en el 89 a Poncho lo designó Secretario General de Gobierno, Heladio Ramírez, con quien solamente una vez había cruzado palabras, el día que Mariano Palacios Alcocer fue electo Gobernador de Querétaro y coincidimos en su casa. Una tarde, Arturo era ya Director General de Desarrollo Político en Gobernación y yo Subdirector de Modernización del Sistema Electoral, Poncho me llamó y me invitó a regresar a Oaxaca como Subsecretario “A” de Gobierno; sorprendido y honrado, subí con Arturo y le comenté. Con su sabia sabiduría –política- y otra vez perdón por el pleonasmo reflexionó “no todos los huevos de un equipo tienen que estar en la misma canasta” y concluyó “eso sí, no por mucho trabajar te olvides de grillar, pero no por mucho grillar te olvides de trabajar”.

Poncho nos tomó protesta; a mí como Subsecretario “A” responsable del tema político electoral; Evencio Martínez como Subsecretario “B” –jurídico- y José Antonio Hernández Fraguas, Subsecretario “C” responsable de la relación con los municipios. Fue sin duda uno de mis momentos estelares. Poncho era un gran líder y su equipo, sus soldados, con una característica, la unidad, la lealtad, el coraje por hacer bien las cosas. No hay espacio para recordar tantas vivencias en aquel año electoral; las presiones de los partidos, en particular el PRD en ascenso, los bloqueos de Porfirio Montero y la COCEI en el Istmo, la elección de Huajuapan que el PRI había ganado bien y Mario Lucas echó a perder por levantar una casilla anticipadamente, la muerte de los candidatos a la Presidencia Municipal en Nochixtlán, bueno hasta un error en la impresión de las boletas electorales que anulaba una elección. Todo eso y más y el más era el “fuego amigo” que Poncho recibía de los concilieris de Heladio y a pesar de todo, aquel proceso electoral salió bien librado.

Fue un tiempo de plena convivencia con el líder, el jefe, el amigo, el camarada entrañable; por las noches salíamos de palacio, cruzábamos el Zócalo, la Alameda y al llegar a la esquina antes de abordar su camioneta nos preguntaba “¿Un wiskito?” y caminábamos al “Madeiras” a componer el resto del mundo. En el 91 dejó la Secretaría General para ir a contender por la diputación federal por el distrito de su adorada Juquila; fue entonces cuando víctima del “fuego amigo”, le congelaron su caso en el Colegio Electoral; y ahí estuvimos, junto con Mike y Jorge, Evencio, armando su defensa hasta que subió a la tribuna y su diputación fue aprobada.

Un año después, en el 92 tomé la decisión de renunciar al PRI y ser candidato del PRD al gobierno de Oaxaca –las causas y los motivos son otra historia-. Al comentarle me invitó a desayunar, nos vimos en el Presidente de Insurgentes; le mostré “La Jornada” de ese día que daba cuenta de mi decisión y de que sería candidato. Poncho leyó la nota, dejó el periódico, se llevó la mano al cuello un gesto muy común en él y sonriendo con su clásica ironía tan suya me dijo “bueno, sólo los hombres inteligentes toman decisiones valientes”.

Nunca perdimos nuestra cercanía hasta que ocurrió su partida. Un día como ayer se adelantó al lugar donde más temprano que tarde nos volveremos a encontrar. En el homenaje que le rindió la UABJO, el entonces Rector argumentó “Zorrilla Cuevas fue por decirlo con el poeta Antonio Machado, un hombre en el buen sentido de la palabra, abierto a la sinceridad, a la verdad, al buen humor, al disfrute sereno del saber, de la amistad, de la buena vida, de tal manera que con toda justicia, sobre su lápida se podría escribir como epitafio profano el dicho inmortal de Terencio: “Soy hombre y nada de lo que es humano me es ajeno”.

Uno de los recuerdos más intensos que guardo de Poncho, es, cuando en uno de los momentos más álgidos en su encargo como Secretario General de Gobierno llegó su hija María Elena, era un diciembre, lo abrazó y le comenzó a cantar un villancico. Poncho cerró los ojos y se le escapó una lágrima. En su homenaje póstumo María Elena recordó cuando su padre Rector sentenció “la ciencia y el arte responderán al interés mezquino, a la posición sectaria, al dogmatismo político, a la intransigencia reaccionaria”.

Por mi parte, un hasta pronto al amigo, al camarada, generoso, leal.

Nadie muere mientras vive en nuestros recuerdos. ¡Poncho Zorrilla está presente!

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?



RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh