CIPRIANO FLORES: DE CÓMO LLEGÓ Y SE FUE GABINO CUÉ DEL GOBIERNO DE OAXACA


“HAY UN GOBIERNO QUE SE EJERCE EN INTERÉS DEL GOBERNANTE Y OTRO QUE SE EJERCE EN INTERÉS DEL GOBERNADO. EL PRIMERO DE ELLOS ES DESPÓTICO, Y EL SEGUNDO, DE HOMBRES LIBRES”. ARISTÓTELES.



El pasado viernes me regalé una mañana espléndida, plena y reconfortante. Desayuné con mi entrañable amigo Cipriano Flores; paisano –ambos somos orgullosamente de origen zapoteca de la Sierra Juárez, compañero en muchas batallas, algunas, las más, políticas; otras también confesables por ser pecados veniales de farra y alegría.

Egresado de la UNAM, es Maestro y Doctor en Ciencias Políticas y Administración Pública, ha sido profesor, funcionario público, articulista en múltiples medios de comunicación, escribiendo sobre otra de sus pasiones, la política. Activista en el sentido más amplio; desde diferentes trincheras lo recuerdo cuando compartimos espacios al lado de Arturo Núñez, él dirigiendo aquel ICAP que formaba cuadros con mística y convicción y yo como Subsecretario de Capacitación Política. Sin embargo, creo no equivocarme si afirmo que su mayor causa, la de vida, son las causas indígenas y en especial las de Oaxaca.

A Cipriano se le debe sin regateos cuando estuvo al frente del Órgano Electoral de Oaxaca, a donde llegó condicionando que nadie le pidiera “marcar penales a media cancha”, la iniciativa que concluyó con la inclusión en la Ley Electoral de la regulación y sobre todo el reconocimiento de las elecciones por Usos y Costumbres, en su momento y hasta la fecha es un referente nacional e internacional en la materia. Esa mañana, Cipriano me platicó con detalles cómo convenció al entonces gobernador Diódoro Carrasco para hacer tal reforma. Con visión de historiador le dijo –palabras más, palabras menos- “hoy el PRI se adjudica como propios, como ganados, los municipios que eligen a sus autoridades en Asambleas Comunitarias, hasta por murmullos y presume cuatrocientos y tantos triunfos, pero como está avanzando el país en la pluralidad, llegará un día, tal vez pronto, en que esa proporción se revierta –al PRI-. Con el reconocimiento de las elecciones donde los partidos en la realidad no cuentan, ganará el Estado, ganaras tú, gobernador”. Y la Reforma se hizo.

De su pluma –no podían faltar- han surgido varios libros: La Administración Capitalista del Trabajo, Introducción a la Teoría de la Revolución Mexicana, El Nacionalismo Revolucionario Mexicano, Los Valores Políticos de los Oaxaqueños, Cuentos de la Comunalidad: Los inclementes Amores de Vilacy, Gobernar Oaxaca: Bonapartismo, Parroquialismo, Mitos y Realidad Política en un Estado del Sur de México. Y el más reciente “Oaxaca: El Desastre Aliancista. De cómo llegó y se fue Gabino Cué Monteagudo del Gobierno de Oaxaca”; que, según me dijo, resume “el gran fracaso de Gabino Cué Monteagudo –que también lo persiguió políticamente sin motivo ni razón- y de la alternancia en Oaxaca”; el cual con generosidad que le agradezco me dedicó: “Para mi amigo Raúl Castellanos con admiración y respeto por su amor por Oaxaca y compromiso democrático”.

Sin duda el texto no sólo es un alegato consistente con datos duros del fracaso total del gobierno que en mala hora encabezó Cué, sino también un análisis desde la óptica de la filosofía política de cómo un personaje de tan baja –por no decir nula- capacidad intelectual, moral y política llegó al poder. Consta de siete capítulos: A) Perfil Político B) Perfil del Gobierno de la Alianza C) La Formación de la Orgía Ambiciosa D) Ganar el Poder a Toda Costa E) El Inicio de la Tragedia Gubernamental F) Un Sexenio Perdido G) El Gobierno de Aceites y Vinagres: Producto Final.

De sus páginas retomo y les comparto algunas líneas: “La simple lucha por el poder es la mejor forma de envilecer la política; por la política vivimos en sociedad y cuando ella falla, como no somos dioses, acabamos siendo la peor de las bestias. De ninguna manera la política es un instrumento para el bienestar personal privado, sino un vivere civile, sin el cual no hay vida, humanidad, ni libertades plenas. Lo que ha sucedido en Oaxaca, donde los procesos democráticos genuinos fueron suplantados por estrictas luchas por el poder, a través de mecanismos formalmente democráticos, se puede afirmar -por ello- que desde el primer año de gobierno de Cué Monteagudo se vivió un régimen de simulación democrática”.

“En su último Grito de Independencia, el exgobernador Cué se encontró con la siguiente situación: a los costados del Palacio de Gobierno aguardaban cuatro unidades militares artilladas y 2 mil policías con equipo táctico y escudos de protección, así como cincuenta vehículos motorizados, Gabino Cué, de gobernador a sepulturero. Enterró la transición y su carrera política –Matías Pedro, página tres, dieciséis de septiembre de dos mil dieciséis-”.

“Finalmente, lo que se vislumbró desde el primer año de gobierno de la alianza como un gobierno desastroso, se acentuó en los restantes cinco años: fue un asalto al poder, sin idea de justicia y de bienestar común, fue una banda más que un grupo gobernante”.

En la presentación del libro de Cipriano el editor afirma “Para el ciudadano oaxaqueño medianamente informado, el gobierno de la alianza con Gabino Cué Monteagudo cometió el mayor de los crímenes: matar la esperanza del pueblo por un cambio verdadero. Así de lapidaria es la sentencia que hace el politólogo Cipriano Flores Cruz, en esta aportación literaria que servirá a los historiadores que buscarán en el futuro causas y efectos de un gobierno que despertó, como nunca, expectativas de un cambio político verdadero pero que terminó en gran farsa. El gobernador fue consciente de ello, al final de su mandato se escondía del pueblo”.

Cipriano concluye “el de Cué fue un régimen altamente faccioso, actuó como una pandilla de ideas sectarias, llevó al extremo su sectarismo al tener como forma de actuación política el principio “si no estás conmigo, estás contra mí”. No hubo asomo de tolerancia, esto se demostró con el despido masivo de las oficinas de gobierno de cientos de personas supuestamente vinculadas al Partido Revolucionario Institucional, sin tomar en cuenta su dignidad y sus historias laborales. Fue una administración patrimonialista, de cuotas y cuates, un gobierno por tanto ineficiente, rapaz con los dineros públicos, cínico, simulador e irresponsable”.

Por mi parte, también perseguido políticamente por el ántrax Cué durante 5 años, 6 meses, 2 días, 16 horas, veinticuatro minutos, aquí estoy, pertrechado de más entereza moral y más humildad; firme para intentar conquistar nuevas utopías; para luchar desde cualquier trinchera, por modesta que sea, por las mejores causas de mi eterna musa, mágica y majestuosa, la señorial Ciudad de Oaxaca. En contraste, el ántrax Cué vaga como zombi para la eternidad por el basurero de la historia.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?



RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh