Lo primero que se tiene que hacer es escoger el pavo. Habrá que ver si los que traen de Canadá están mejores que los de USA. Es bastante complicado el largo proceso, para que las familias de los funcionarios y representantes populares, tengan lista, deliciosa, bien servida y a tiempo, la cena de Navidad. A propósito, parece que fue ayer la anterior. Para quienes tienen buen trabajo y mejor salario, el año pasa que vuela. ¡No da tiempo para nada! Ir de “shopping” a Los Angeles or New York requiere, además de la cartera llena o las tarjetas abiertas, al día, paciencia para encontrar todo lo que se necesita. El enorme “turkey”, para ponerlo a descongelar con mucha anticipación: luego hay que encontrar los vinos, el cognac, el “scotch” y los regalos. ¡Una verdadera lata! Sobre todo para encontrar los regalos. ¿Qué le llevaremos al padrino que nos dio la chamba tan bien remunerada, sin tener el título que “señala la ley”?.
¡Jajá!
Para muchas otras familias es menos complejo el asunto. Un día antes de la mera noche del “nacimiento”, se escoge el guajolote en el corral. Si no hubiera uno ya gordito y de buen peso, pues “ahí lo dejamos pa otro día”; mejor búscate una gallina de esas que ya no están poniendo. La abuela le tuerce el pescuezo y le da vueltas y vueltas, hasta que deja de patalear (la gallina o el guajolote, no la abuela). Ora a cortárselo pa que se desangre. La gran olla ya está puesta en el fogón y el agua ya hierve. Hay que “sumir” el ave en el agua caliente, para poder desplumarla con facilidad. Luego a “desollarla”, a cortarla en piezas y meterle a la olla que ya está esperándola las fauces abiertas. Lo demás es esperar unas horas, para agregarle las verduras, la cebolla de a montón, los ajos, el cilantro.
Lo de los regalos es secundario. Si se consiguen las tortillas a buen precio, ya la hicimos. Toda la gran familia reunida, un ponchecito, una copita. ¡Feliz Navidad!
El tercer grupo, escalón, nivel (o desnivel) el de las mayorías, donde se encuentran los cincuenta o sesenta millones de mexicanos, producto del desgobierno, de la corrupción, de la falta de equidad y justicia, ese no tiene problema alguno para preparar la cena navideña.
Es solamente cuestión de esperar a ver “qué cae”. Aunque en estos tiempos ya no cae nada del cielo. Si acaso una que otra “posadita” o con mucha suerte, una invitación en el barrio, donde van a regalar ponche y unas tortitas de medio bolillo untado de frijol molido y quesito blanco espolvoreado. Eso sí, hay que entrarle al rezo, acordarse del niño que nació esa mera noche. “A ver si puedo llevarme una tortita para el abuelo que ya no puede caminar”.
“Ni modo”, aquí nos tocó vivir. Hay que ubicarse en su propio escalón y disfrutar lo que corresponda. Ya llegará el día en que no haya diferencias. Dicen que el verdadero juez es muy severo, pero también muy parejo. O disparejo; según se le vea. Además, actualmente no hay mucho para donde moverse. Con los miles de militares y policías que “vigilan” y “cuidan” de la sociedad, ya queda muy poco espacio para los ciudadanos honestos, “probos” y “probes”. Calladitos, tranquilitos, sencillitos, se ven mucho mejor. Viéndolo desde ese ángulo, no queda más que desear a todos, ¡Una Feliz Navidad!
