MEXICO, D.F.- A“Sujetín”, un cachorro Chihuahua de 3 meses, lo compró su dueña tras divorciarse; la convivencia duró cinco días, porque el perro murió. Lo sepultó en un ataúd de cartón, bajo el suelo de un panteón dedicado a mascotas en la zona sur de la delegación Tlalpan.

El negocio de la cremación y servicios funerarios para mascotas ha florecido en los últimos años en la capital del país. Las empresas ofrecen desde ataúdes, cremaciones, traslados al cementerio hasta terapias para facilitar el duelo y la congelación de los animales de compañía.

En menos de cinco años, el Cementerio de Mascotas Ameyalco. Jardín para un Amigo, ubicado en la zona alta del Ajusco, ha recibido a más de 500 perros, gatos, aves, hamsters y tortugas, entre otros animales para enterrarlos.

Otro ejemplo de servicio funerario es el crematorio “Funeral Pet”, ubicado al norte de la delegación Gustavo A. Madero, que en 1998, cuando abrió sus puertas, realizaba 120 servicios al año, ahora son alrededor de tres mil, afirma la empresa.

“La gente estaba acostumbrada a dejar el cadáver de su perrito con el veterinario o en algún basurero. Estamos creando una cultura para este tipo de servicios”, comentó Alejandro García, director del crematorio.

Durante un recorrido por algunos de estos negocios, se constató que los costos de los servicios funerarios en la capital varían según el tamaño del animal, oscilan entre 600 y 2 mil 500 pesos.

Todo tipo de animales puede recibir estos servicios, desde perros, gatos, aves, víboras, tortugas, ratones e incluso leones.

Dejan de cultivar y crean panteón

Mario Sánchez recuerda que las heladas y la lluvia que no caían en la zona del Ajusco lo obligaron a dejar de sembrar y buscar una nueva forma para ocupar sus tierras.

“Tenemos que buscar una forma de vivir y probamos suerte con este cementerio”, dijo.

El joven, miembro de una familia de campesinos del pueblo Magdalena Petlacalco, integrada por 10 personas, entre niños, adultos y abuelos, recuerda que antes de formar parte del mundo funerario se dedicaban a la siembra de frijol y maíz.

“Tuvimos la idea de retomar la tradición de nuestros abuelos, del pueblo, que tuvieron a sus mascotas y las enterraban en las milpas o al pie de un árbol frutal. Esas tradiciones queremos transmitirlas a la ciudad”, relató Víctor Sánchez, quien también participa en el negocio del cementerio desde 2005.

Sepultar a una mascota en este sitio tiene un costo de 800 pesos, que puede subir según las peticiones del cliente, ya que también se ofrece colocar una lápida, una cruz o un árbol sobre la tumba.

El terreno tiene una extensión de más de cuatro hectáreas; el 95% de los sepultados son perros.

“La conciencia de las personas es nuestro mayor obstáculo. Muchos aún prefieren tirar a sus mascotas que enterrarlas en un lugar digno. Por eso también creamos este lugar, para luchar contra eso” , aseguró.
La primera funeraria para mascotas

El crematorio “Funeral Pet” realiza entre 12 y 15 incineraciones al día. Los clientes, aseguró su dueño, Alejandro García, son de clase media y hasta de bajos recursos. Su familia ha formado parte del negocio funerario desde 1920, cuando fundaron la empresa Funerales García.

“La idea de una funeraria para mascotas surgió tras una serie de viajes a Estados Unidos, donde estos negocios son muy populares. Fue así que en 1998 arrancamos la primer funeraria para mascotas en América Latina”, recordó.
Sus servicios incluyen recoger a los animales en sus domicilios, en caso de que la familia no quiera ir hasta la funeraria.

Recordó el caso de un león, que junto con su equipo fue a recoger a Cuernavaca. “Tenía sólo siete meses de nacido y pesaba 250 kilos”.

El negocio es pionero en la cremación comunitaria y de varios animales a la vez. Esta práctica es una de las más demandadas; sin embargo, no se entregan cenizas al deudo debido a que se mezclan de todas las mascotas. El lugar cuenta con dos hornos crematorios, cada uno con capacidad de 80 hasta 120 kilos.

Dentro del establecimiento, que se ubica a espaldas del panteón de la colonia Martín Carrera, también hay refrigeradores funerarios.

“Alguna vez, una pareja se comunicó con nosotros porque su mascota había muerto, de tristeza. Ellos llevaban tiempo viajando. Me pidieron que fuera por ella y la refrigerara hasta su regreso, cuando pudieran cremarla. Así lo hicimos”, recordó.

Tanatorio para los deudos

En el oriente de la capital, a unas cuadras del Palacio de los Deportes, se localiza el tanatorio-crematorio para mascotas “Animal Pet”, inaugurado en 2009. Los creadores de este sitio son Sandra Cruz y Enrique Garduño, que también son pareja. Fue con la muerte de un perro, de raza Pastor Alemán, que al no encontrar un servicio adecuado para darle sepultura, crearon el suyo.

“Más que la cremación, lo que nos interesa es idear terapias que faciliten el duelo para los que pierden una mascota y la consideran uno más de la familia”, explicó Cruz.

Cuando una persona llega para la cremación del animal, dijo, se le pasa a la “Sala de Despedida”, mediante la guía de un tanatólogo profesional, los deudos leen algunos poemas e, incluso, hay quienes cantan para el cadáver, que se encuentra ahí mismo, al centro de la habitación.

Esta pareja ofrece gran variedad de urnas en material y tamaño, entre ellas destaca una fabricada en forma de perro de peluche; las cenizas de la mascota se colocan al interior, en una cápsula, para que los niños puedan abrazar al muñeco.

“Los tanatorios para personas y animales sólo se diferencian en la pérdida. Finalmente, tanto unos como otros son seres queridos y quien ha tenido una mascota sabe que la pena que causa su partida es infinita, las familias lloran y un consuelo se los da el poderle dar una despedida con respeto”, afirmó.




Agencia El Universal