¡Ser o no ser!

Diversos factores, acontecimientos, hechos, experiencias por demás penosas en el trabajo complejo y novedoso para mí, que acepté con la esperanza de poder aportar algo útil a todo un pueblo, el pueblo donde nacieron mis padres y en el que yo vi la luz primera, me hundieron en un mundo de reflexiones y de un sentimiento extraño para mí, el de la frustración, el de la inconformidad en contra mía, por no haber logrado ningún avance a pesar el tiempo y de los esfuerzos realizados durante tres años en los que, inclusive lo menos valioso y trascendente, que es lo material (contrario a lo espiritual) se vino abajo en mi casa, en mi núcleo familiar. En palabras de la filosofía popular, ahora puedo decirles, que ya comprendo lo que le sucede “al cuetero”, al que de todos modos y siempre, le “chiflan y lo insultan”.

Era justo el tiempo para buscar un aliciente, un estímulo, un atenuante, en otro nivel, en otras latitudes, en otro tiempo, en otras culturas. Por lo tanto me di a la tarea de revisar mis libros, los libros que me han acompañado por varias décadas y han sido mis amigos en todo momento. Herencia directa de mi padre, además de más de mil libros, fue el hábito de leerlos. Luego, mi profesión, mi carrera de toda la vida, mis estudios, dentro y fuera del país; mi trabajo de casi cinco décadas al servicio de la educación en casi todos sus niveles.

Búscame al “Hamlet” de William Sakespeare, le dije a mi hijo de 19 años, que a esa edad estudia ya su licenciatura en “Comercio Internacional” en la universidad de reconocimiento internacional, que es DE LA SALLE. Los demás hijos tienen su cédula profesional, de la excelente URSE, en su bolsillo. Y se han superado enormemente en el país del Norte, por su propio esfuerzo y mérito. Carlos, en otra institución, con doble título en el campo de la Comunicación, primero en Oaxaca y luego, como actor profesional, en el CNCA. Mi joven lasallista, en el “descanso” se hizo experto en el uso de la computadora, la herramienta principal en esta época. Abre el video y comienza una experiencia maravillosa: Aparece uno de los mejores actores ingleses de todos los tiempos, Richard Burton, casado dos veces con la mujer que jamás ha sido igualada por su belleza, sobre todo por sus ojos de color violeta, Elizabeth Taylor. Con una mirada suya me hubiera conformado.

Inicia Richard Burton el monólogo de Hamlet y yo me regocijo y recuerdo mis estudios en Great Britain. ¡Qué erudición! ¡Qué manejo de la lengua de William Shakespeare! ¡Qué actuación! Y yo que me atreví a escribir la paráfrasis de uno de sus más bellos sonetos. Para mí, Richard Burton y Rex Harrison, el “Professor Higgins” de “Mi bella Dama”, con título inglés, “My Fair Lady”, obra original de Bernard Shaw, Pygamalion. Inicia la reflexión, orgullo de la literatura inglesa:

“To be or not to be: That is the question: / Whether ´tis nobler to the mind to suffer/ the slings and arrows of outrageous fortune,/ or to take armas against a sea of troubles,/ and by opposing end them? To die to sleep;/ No more, and by a sleep to say we end / the heart- ache and the thousand natural shocks/ that flesh us heir to. ´tis a consumation/ devoutely to be wished. To die, to sleep:/ To sleep: perchance to dream… Ser o no ser; eh ahí el dilema. La UNESCO recomienda aprender a SER uno mismo, siempre.