Bali, la joya de Indonesia, es una isla por partida doble. En primer lugar, porque su territorio está rodeado de océano por todas partes, encajonado entre Java y Lombok, en el archipiélago de la Sonda. Y después, porque en un «bosque» de 13.000 ínsulas donde la religión mayoritaria es el islam, su fe principal es el hinduismo.

Con su forma de pez panzudo, como los que los buceadores pueden admirar en sus arrecifes coralinos, Bali tiene la extensión de Cantabria y menos de cuatro millones de habitantes. Es decir, que moverse por la isla es sencillo y cualquier desplazamiento de un extremo a otro se completa en apenas tres horas por sus razonablemente buenas carreteras. De ahí que sea recomendable apenas aterrizar en Denpasar, la capital, lanzarse a recorrer esta perla volcánica.