¡Día del Maestro!

Después de haber ejercido, oficialmente, la docencia, durante 46 años con todos sus días, salvo una licencia de tres días y un receso por enfermedad, de más de un mes, me encuentro todavía en el mismo camino, en ese sendero luminoso. Ya no en el aula, que es como el templo donde se ejerce el privilegio de la enseñanza sistemática, programada, sino en un gran medio de difusión, en el que se aplica la alta tecnología, para llegar a miles de amigos lectores. Cuando se siembran rosales, se cosechan siempre rosas. Así lo manifiestan los versos de Amado Nervo, el gran poeta nayarita. Nosotros sembramos amistad y siempre hemos cosechado amigos, de los buenos, de los verdaderos. Raúl Castellanos nos concede un espacio en rcmultimedios.mx , que es como un premio.

Hoy es sábado 14 de mayo; mañana será el “Día del Maestro”, fecha sumamente significativa para quien, como yo, es hijo de un gran educador, que entregó más de 60 años de su larga vida a enseñar, a predicar con el ejemplo de Maestro en Civismo. Su honestidad acrisolada, su sabiduría adquirida y desarrollada en miles de libros y en la experiencia diaria, le hicieron ganar la admiración de docenas de generaciones de alumnos de educación primaria y de educación secundaria. Su asesoría pedagógica y apoyo a muchos estudiantes, para titularse como profesores, acrecentaron el reconocimiento de muchos oaxaqueños a su labor permanente.

Mi padre, Juventino Cruz Sosa, formado en una escuela secundaria sostenida por religiosos norteamericanos, nunca perdió sus raíces. A los 16 años de edad tuvo que iniciarse en la docencia, en las montañas de la región mixteca, la más pobre de Oaxaca. Una de las regiones más abandonadas, del planeta. Allá alimentó su espíritu, que luego nutriría el nuestro, para hacernos “Maestros”. Encontrar en la calle a jóvenes médicos, abogados, profesores, ingenieros, así como a técnicos de calidad, en diversas ramas, y escucharlos decir con agrado y con gratitud, “usted fue mi maestro”, y luego recibir un abrazo, un apretón de manos…es algo que no tiene precio. Es un premio a la vida, un verdadero don.

Mi padre nos puso el ejemplo de trabajo y de amor por los libros. Casado muy joven, ya con algunos de nosotros, sus hijos, hizo el gran esfuerzo por continuar sus estudios, hasta alcanzar el grado de Maestro en Civismo, allá en la gloriosa Escuela Normal Superior de México. ¡Un orgullo nacional Una gran institución formadora de docentes mexicanos de educación secundaria. Yo tuve el privilegio, el honor, de ingresar, años después, a la misma institución. Egresamos como “Pasante Maestro en Inglés”. Luego, dos becas ganadas por concurso de oposición, la primera en la Universidad de Austin Texas y la segunda en International School of English, allá en Bournemouth, England, complementaron nuestra preparación profesional, para servir mejor a los jóvenes de Oaxaca y de diversos estados del país. Por 10 años tuvimos el gran honor de ejercer dos cátedras, heredada de dos reconocidos educadores a nivel nacional, que a su vez fueron mis maestros allá en el Distrito Federal. El grado Summa Cum Lauda, alcanzado en Austin, Texas, fue nuestro soporte profesional. Por eso, “Feliz Día del Maestro”.