¡A la bio, a la bao, a la bim, bom, ba; Elba, Elba, chíngate a Yunes ya! Es lo que debería estar gritando todo mexicano que tenga un poco de decencia, que entienda que sin la existencia de este pedazo (literalmente) de mujer, nuestro México no sería la suave, tiernita y descabezada Patria que hoy es.
Sé que me haré merecedor a numerosas penas de muerte en el afecto de muchas féminas, pero nuestra querida Elba es lo que varias mujeres mexicanas anhelan ser. Se junta, arrejunta, apechuga y manosea con quien se le da la regalada gana según convenga; a base de dichas artimañas, poco a poco fue devorando hombres y ocupando sus puestos de poder. Ya instalada en la plenitud de su magnificencia, se autoproclamó la educadora vitalicia de los niños de México (¡qué bonito suena eso!), pero entendió que su papel como Maestra no era suficiente, sabía que los macho-políticos mexicanos son una bola de trogloditas, calenturientos, y pendejitos seres que buscan el poder con las mismas ansias con las que en sus días de recién nacidos buscaron el pecho materno.
Fue en ese punto cuando Elba comprendió que debía ser la chichi de todo político que quisiera llegar al poder; así que realizó un viaje a tierras lejanas (bien puede ser Cuba o Nigeria), se contrató al mejor brujo que encontró y sacrificó a tres elefantes para bañarse con su sangre y así protegerse de todo destello de bondad que quisiera inundar su alma por el resto de sus días.
Además de dicho conjuro se operó cuanto pedazo de carne le queda, pero ciertamente no la dejaron tan bien como su conjuro, más bien parece un aguacate bañado en aceite de garnacha.
Es por todo lo anterior que no podemos entender la historia de nuestra desgarrada Patria sin la presencia de Elba Esther; es por eso que si se le pega la gana a la señora, saca la listita de las cochinadas de todos políticos que se han relacionado con ella y hunde sus carreras, con la misma facilidad con la que un maestro del SNTE prepara una marcha.
En resumen comanches, la señora tiene a México agarrado de los huevos y no lo va soltar, por lo menos hasta que cumpla su sueño de que los niños mexicanos sean los más inteligentes de la OCDE (que tomando en cuenta que en educación somos el lugar treinta y dos de treinta y dos, pues está canija la ecuación).
Así, cada vez se ve más lejano el día en que nos atrevamos a romper el círculo vicioso de la educación. Ningún candidato que quiera ser presidente (y ganar) se negará a recibir su apoyo, y ningún campesino de cualquiera de las sierras del país se atreverá a decirle al “maistrito” de su comunidad que no le diga por quién votar.
Felipe se irá, Sicilia caerá, el Chapo se cansará de ser estúpidamente rico, el Peje morirá de un infarto mafioso; pero a Elba, a ella la seguiremos teniendo siempre, hasta la muerte.
¡Qué fregón!, ¿a poco no?
Clase Política: No te importamos, no nos importas. ¡2 de julio votamos en tu contra! XXVIII
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