A Ollanta Humala le llegó la hora de gobernar

BUENOS AIRES.— El día de hoy toma posesión de su cargo como presidente de Perú. Se acabaron las palabras y las especulaciones. Se acabaron las promesas y consideraciones de toda índole.

Los temores y las dudas que su figura despertaban ahora quedarán atrás o se materializarán con el correr de los días. Lo cierto es que el presidente que asume hoy en reemplazo de Alan García recibe un país mucho más rico que hace cinco años, pero mucho más desigual, lo que demandará una tarea titánica para dejar satisfechos tanto a los ganadores de la transformación económica como a la mayoría de la población —que espera mejoras urgentes para subir un peldaño social o salir de la pobreza.

Humala ingresará hoy por la puerta central del Palacio de Pizarro, gracias, primero, al descontento social y, segundo, a la clase media que no quiso volver a la era de fujimorismo aunque sólo fuera simbólicamente. Su gabinete es la expresión cabal de esos dos sectores a los que retribuyó incluyendo a figuras a las que les preocupa la justicia social y técnicos económicos que mantengan en calma entre los mercados e inversionistas extranjeros.

Ollanta Humala se encaminaba a la toma de posesión con 72% de popularidad. Pero el confuso episodio de su hermano Alexis, viajando a Moscú a entrevistarse con autoridades rusas para cerrar acuerdos en nombre de su hermano, mientras éste lo negaba, le arrebató un porción de apoyo cercano al 30%, de acuerdo con la consultora IPSOS-Apoyo.

Ahora, deberá trabajar fuerte para reconquistar el terreno perdido.

Para los próximos años se esperan inversiones de más de 20 mil millones de dólares, en una economía que este año mantiene una previsión de crecimiento de 7.1%, lo que hace de Perú el país que más crece en la región desde el 2004 (salvo en 2009, por la crisis en Estados Unidos).

El nuevo ministro de Economía, Luis Castilla, quien hasta aquí con Alan García fue viceministro, reconoció que en estos años “faltó inclusión social” y avisó que la estrategia de su gestión será la de “mantener el crecimiento por encima del 6% anual para reducir la pobreza y tener un rol más activo en los programas sociales”.

Para ello, el rol del Estado deberá ser a partir de ahora otro. Un Estado más activo, con un ánimo de negociación que logre frenar la conflictividad social que hereda del Alan II, con 276 conflictos labores y sociales en lo que va del año —según los datos que maneja la Defensoría del Pueblo—, así como varios puntos más de un PIB cercano a los 155 mil millones de dólares para paliar la pobreza que supera el 36% y la extrema pobreza de poco más del 13% según datos oficiales.

Esto a través de a través de planes sociales prometidos en campaña, como programas de empleo para aminorar ese 11% de desempleo y un plan para atacar de lleno la informalidad laboral, que supera con creces el 60% y que sigue siendo uno de los puntos débiles de la economía peruana.

Como Lula

A resolver estos problemas debería ir esta versión de Humala que llega hoy al gobierno despojado del discurso cuartelero de Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, e imitando hasta en las formas de cubrir las vacantes ministeriales al brasileño Luiz Inacio Lula da Silva. Humala no tiene a un Gilberto Gil para designar al frente del Ministerio de Cultura, pero sí tiene a Susana Baca, la cantante popular más reconocida de Perú a nivel mundial, y una incansable investigadora de las raíces musicales afroperuanas.

Al decir del analista Augusto Álvarez Rodrich, si Humala logra reducir la corrupción, disparada durante el gobierno de García, su gobierno tiene grandes oportunidades de ser histórico.

Por coyuntura regional y económica y porque el establismenth pudo haber entendido que sin distribución el negocio corre serio riesgo, como se vio en estos meses en Puno y en otras regiones del país, donde se imponen las obras de infraestructura.

El desde hoy presidente peruano cuenta con un gabinete del que forma parte Salomón Lerner, su primer ministro, un millonario de izquierdas hábil para generar escenarios políticos. No en vano fue el factótum de la candidatura de Humala en el 2006 y el responsable de su “lulización”, en este 2011. Pero es una incógnita sobre cómo manejará el día a día de un gobierno que necesita autoimponerse un frenesí en el comienzo para tranquilizar a los sectores populares, pero sin despertar a las fieras de los mercados, como ocurrió cuando Humala salió victorioso en la segunda vuelta.

Agencia El Universal