Para Iñigo. En el dolor y la dicha; en la amistad.
Los extremos no siempre son trágicos, incluso en ocasiones son necesarios. El que no haya experimentado el dolor de no ser correspondido en el bestial juego del amor, no entenderá la dicha de encontrar al ser en el que resume su mejor yo; solo los que conocen el abismo del fracaso podrán apreciar el triunfo y no marearse en él.
Lamentablemente, nuestro país atraviesa extremos que no merecen perseverar. En youtube circulan actualmente dos videos que resumen esta situación.
El primero es el testimonio de Ramón Gardea, miembro del Frente Organizado de Campesinos Indígenas de la Región Serrana, quien narra cómo ante la hambruna y las condiciones de olvido por parte del Estado (y el Estado somos todos) los indígenas tarahumaras se arrojan a los barrancos para dejar atrás el infierno que viven día con día (http://www.youtube.com/watch?v=tmNLa7Ws7Bc).
El otro es la explicación de la tragedia de los indígenas. Escenifica la podredumbre e ignominia con la que defecan su vida unos estratos de la clase alta mexicana.
Se trata de un par de jóvenes (mejor conocidos socialmente como “Mirreyes”) que a manera de juego comienzan a destruir el coche del otro para ver quién se rinde primero. Las risas por parte de sus acompañantes y la misma actitud de los protagonistas, envuelven al espectador en el clima de banalidad y sin sentido en el que se desenvuelven dichos personajes (http://www.youtube.com/watch?feature=g-vrec&context=G2e61060RVAAAAAAAABw&v=X-oxvBUNrKU&gl=MX).
Con extremos como los antes mencionados, entiendo perfectamente la emergencia nacional que atravesamos.
No le podemos pedir a los mirreyes que se interesen por los suicidios masivos en la región serrana, porque su realidad no sobrepasa las altas esferas de nuestro país en las que las cifras macroeconómicas plasman que todo va por buen camino; no le podemos exigir a los tarahumaras que se trasladen a la capital de su estado para reclamar la injusticia en la que viven, porque los únicos que tienen los medios para hacerlo son los caciques de la madera, los representantes del gobierno y los curas.
¿Este es el México del siglo XXI? ¿El México de 70 años de dictaduras perfectas, de 12 años de gobiernos “humanistas” de la Derecha y de tantas luchas sociales de las que le encanta jactarse a la Izquierda?
Si es así, qué verdad dura y sin sombra; qué verdad tan fácil.
¡Qué pena!
Queridos catorce lectores: Les adjunto la crónica de mi cuatacha Lucero San Vicente sobre la presentacíón de nuestro engendro de proyecto. Échenle una ojaldra http://bit.ly/x7J9bi
