Cameron…ganó la reelección con margen mayor de lo esperado

Las claves electorales, cuando el escrutinio en Reino Unido supera el ecuador, son claras: el Partido Conservador del primer ministro David Cameron obtiene un gran resultado, mucho mejor de lo esperado, y podría permanecer en Downing Street; los laboristas, con Ed Miliband al frente, sufren un gran retroceso, y los liberaldemócratas de Nick Clegg caen en picado -según nota de El PAÍS-.

Los resultados ofrecidos por el sondeo a pie de urna publicado a las once de la noche (hora peninsular española), encargado por las cadenas BBC, ITV y Sky, ya otorgaban una victoria a los conservadores (316 escaños), mucho más holgada de la que preveían las encuestas previas. Según este sondeo, Cameron sólo necesitaría los 10 escaños de Clegg para gobernar. Con más de 400 escaños decididos, de 650 en juego, el escrutinio arroja un avance de los conservadores con 16 nuevos asientos, mientras que los laboristas se dejan 44 con respecto a las elecciones de 2010.

No obstante, el recuento de los votos por cada circunscripción, superado el ecuador, muestra todavía una ligera ventaja de los laboristas con 168 asientos en el Parlamento de Westminster, por 155 los conservadores, 53 los nacionalistas escoceses, seis los liberaldemócratas y uno el euroescéptico UKIP. Según avance el escrutinio se prevé que los tories de Cameron superen a los laboristas como apuntan los sondeos y la tendencia marcada por el recuento de esta noche, aunque hasta bien transcurrida la mañana no se tendrán resultados definitivos.

Los tres principales líderes han comparecido para celebrar sus escaños en cada una de sus circunscripciones. El tono de las comparecencias ha sido sin duda revelador. Clegg ha subido al púlpito en Sheffield para admitir el «castigo» sufrido por los liberaldemócratas, con opciones, no obstante, de servir de llave para un futuro Gobierno liderado por los conservadores.

Pocos minutos después lo ha hecho Miliband, desde Doncaster, para reconocer la «decepción» ante unos resultados que no reflejan el repunte laborista que mostraban las últimas encuestas. Con el semblante de la victoria, el primer ministro Cameron, en su circunscripción de Oxfordshire, ha prometido que no decepcionará a nadie y trabajará para mantener «unido» el país.

Pero el foco de la actualidad política británica se traslada este viernes, una vez que finalice el recuento, a discretos salones en las inmediaciones del Parlamento de Westminster, abiertos de día y de noche, a resguardo de los micrófonos, que ya han sido habilitados para que los negociadores de los diferentes partidos se reúnan unos con otros para tratar de fabricar un Gobierno capaz de obtener el apoyo del fragmentado Parlamento que han elegido este jueves los británicos.

El probable gran perdedor de la noche es ahora, irónicamente, el principal objeto de deseo. Todo indica que el Partido Liberal Demócrata, socio minoritario del Gobierno de coalición de David Cameron, perderá una buena parte los escaños que obtuvo en 2010. Pese a ello, la coalición con los liberaldemócratas sería la primera opción lógica a la que podría recurrir el primer ministro y, a su vez, el socio más cómodo para Miliband. Nick Clegg, líder de la formación centrista, ya anunció que estaría dispuesto a aportar “corazón a un Gobierno tory o cerebro a uno laborista”. Ahora toca poner precio político a esos órganos.

El proceder de estos días, al no existir una constitución escrita, lo marcará el Manual de Gobierno, un documento no vinculante redactado en 2010 por los funcionarios de Whitehall y expertos constitucionalistas. Este establece que el primer ministro, igual que su Gabinete, continuará en funciones hasta que dimita o pierda una moción de confianza, sometiendo las decisiones importantes a consulta de la oposición.

Al primer ministro se le presume el derecho a tratar de formar Gobierno en primer lugar, cosa que Cameron hará si obtiene más escaños que los laboristas. Formar un Gobierno de coalición es una opción, pero no la única. Está el llamado acuerdo de “confianza y provisión” —un partido apoya a otro en la investidura, los presupuestos y ante eventuales mociones de censura— y el mero apoyo voto por voto.

“Si se forma de nuevo una coalición, el proceso puede ser más largo que en 2010, pues los partidos se esforzarán en amarrar más a sus socios”, explica Akash Paun, del think tank Institute for Government, autor de un estudio sobre Gobiernos en minoría. “La experiencia internacional muestra que los acuerdos de coalición se vuelven más largos y detallados con el tiempo. Esto hace que sea más importante tener claros los detalles desde el principio”.

El primer ministro ya ha enviado a un hombre de confianza a negociar una coalición con los liberaldemócratas. Las negociaciones se prevén más duras que en 2010, en parte debido a la línea roja trazada por los tories: la innegociable celebración de un referéndum sobre la permanencia del país en la UE. Aceptarlo supondría un incumplimiento del programa liberaldemócrata y disparará el precio que pidan estos por donar su corazón a los tories.

Si pactan, Cameron podría seguir adelante y someter a debate y votación en el Parlamento su discurso de la reina el 27 de mayo. Algunos expertos constitucionalistas, sin embargo, cuestionaban este jueves la legitimidad del primer ministro para pedir a la reina que lea un discurso que no tiene garantías de recibir el apoyo mayoritario de los diputados.

Entretanto, Miliband trataría de asegurar que sus diputados, los nacionalistas (escoceses y galeses) y los Verdes voten en contra de su discurso de la reina. Esto desencadenaría una moción de censura y la apertura de un plazo de 14 días para formar un Gobierno alternativo. Si el plazo transcurre sin que el nuevo proyecto obtenga el apoyo de la Cámara, se convocarían elecciones.

A no ser que el recuento les otorgue más escaños, los laboristas deberán esperar a que fracase el proyecto de Cameron (que, según las encuestas a pie de urna, podría prosperar). Entonces podrían buscar ellos una coalición con los liberales-demócratas. La línea roja de Miliband es su compromiso de eliminar el llamado non-dom status, que permite a millonarios británicos cotizar en Reino Unido solo por los ingresos y el patrimonio que tienen en el país. Los de Clegg llevan en su programa una limitación de este derecho, con lo cual las negociaciones no deberían ser complicadas.

Clegg, por otro lado, ha asegurado que no entrará en ningún Gobierno que pacte con los nacionalistas. Pero también Miliband ha descartado pactar con ellos. La ventaja para el laborista es que no necesita ofrecer nada al SNP: impedir un Gobierno tory es el principal mandato que tienen los nacionalistas de sus votantes. El recuento decidirá quién empieza a mover ficha. Pero, salvo sorpresa, quedan muchas horas de negociaciones en los discretos salones, que abren ya este viernes, en las inmediaciones de Westminster.