Ve al Vaticano Felca, ¡y reza!

Podrán decir que soy un soñador, un romántico destinado a la desilusión una y otra vez, pero tengo fe en que este viaje que nuestro Felca querido realiza al Vaticano marcará cardinalmente la historia de nuestra raza cósmica.

Lo único que no logro aterrizar, por obvias razones, es el estilo de milagro que iluminará el alma de Felipe. Bien puede ser que a media ceremonia de beatificación de Juan Pablo II, durante el Pater Noster y la música celestial, un conjunto de imágenes azoten su cabeza. Más de cuarenta mil almas agonizantes, mutiladas y asfixiadas gritándole que rectifique la senda, que si aún recuerda aunque sea un poquito de sus clases de religión en los colegios maristas, que siga la frase de “La misión de educar es más sublime que la de gobernar al mundo” y así opte por renunciar al cargo e irse con García Luna, Cordero y su sequito de apóstoles a dar clases en una escuela rural con un simbólico pero suficiente sueldo de seis mil pesos al mes; también es probable algo mucho más terreno, que en una espontánea audiencia con Benedicto XVI, éste le diga a nombre del Señor de los Cielos (no el nuestro, el de a devis, espero) que ya ni la chinga, que si sigue con sus estrategias mafufas estilo la tercera Cruzada lo va excomulgar a él y a toda su santa, corrupta y podrida clase política; como último escenario que mi esperanza alcanza a vislumbrar, veo a Margarita Zavala ascendiendo al cielo, mientras en toda la Plaza de San Pedro se escucha una voz celestial que le dice a Felipe que se la regresará cuando indemnice a todas las familias de los daños colaterales de su guerrita, y que jamás vuelva a cometer el sacrilegio de acusar de sicarios a los jóvenes acribillados por la ira que ha desatado.

Estas fumadas que escribo, las digo porque la neta las veo más probables a que nuestra clase política despierte de la experiencia narco-mística que tanto disfrutan.

Ya hablando en serio, Felca querido, te voy a pedir una cosa. ¡Reza cabrón! Pide por el eterno descanso de TODOS los caídos en tu guerra, sean sicarios, capos, soldados, niños, padres, madres, migrantes, porque todos ellos Felipe, todos, a fin de cuentas, son tu pueblo.

Y si en algún momento de tu oración sientes una profunda tristeza, un gran vacío en tu ser, piensa que ese dolor es una parte ínfima de lo que estamos sufriendo. Ojalá tengas el valor para sentir todo lo que te digo.

No tengo más que decirte, bueno sí: Que te vaya bonito, diviértete, porque de regreso te espera lo mismo que dejaste, un pinche infierno.

¿Y nosotros comanches, qué hacemos con este averno? Pues lo mismo que hemos hecho todos los sexenios raza cósmica, aguantar vara.

¿Les late?… Verdad que no.
Clase Política: No te importamos, no nos importas. ¡2 de julio votamos en tu contra! V