El cuestionamiento fue directo, el mal trato a los migrantes, el consumo de drogas, el tráfico de armas, Javier Sicilia no se anduvo por las ramas, era la oportunidad de enfrentar a quien presume gastar más en alimentar a sus perros que a los indocumentados que caen en sus carpas-cárceles instaladas en el desierto de Arizona.
Joseph Arpaio, sheriff de Maricopa, se mostró displicente, era evidente su molestia, «quien es usted» cuestionó al visitante incómodo cuando ya se encontraban en su oficina, el diálogo fue ríspido.
Al final del singular encuentro Sicilia invitó a su «anfitrión» a fumarse un cigarro en Morelos y tomarse una cerveza, éste por su parte lo invitó a visitar sus cárceles y cenar en un «buen lugar».
