A Javier Sicilia, a ti, a mí

¿Dónde habita la poesía? ¿En el verso recitado a la mujer amada, en la risa que te embarga hasta las lágrimas, en la libertad de no estar atado a nada ni nadie o en la libertad de estar preso en los brazos del amor?

Creo que está un poco en todos lados, incluso en el dolor; puesto que la persona que nunca ha sentido la agria sensación de regresar solo a su casa, jamás podrá apreciar al máximo lo dulce de la vida, ya que lo dulce, sin lo amargo, no sería tan dulce.

Pero como todo en esta vida tiene un límite, la poesía y sus componentes no quedan exentos de esta implacable regla; luego entonces el dolor que un hombre puede soportar tiene un tope. Es por eso que entiendo y justifico a Javier Sicilia que ha anunciado dejar de escribir poesía.

Y es que tiene razón, el mundo ya no es digno de la palabra, cuando te arrancan de un trancazo toda la belleza que habita en ti, no hay luz que pueda volver a iluminar el pozo en medio del desierto que uno era.

Y entonces pienso: En México, hasta los poetas caen; los héroes fallan; la esperanza no se da abasto para llenar todos los terrenos baldíos. En México, mi México, la vida está ausente.

Sin embargo sé que la vida es perfecta y trágica al mismo tiempo, trágica porque puedes destruirla en cada decisión que tomas, perfecta porque lo perfecto pasa solo una vez.

He ahí el dilema de la vida poética. Tenemos que sublimar este dolor, estos ejecutados, esta sangre, esta guerra perdida y convertirnos en aquello que la historia nos reclama ser. Los benditos elegidos, los amantes, que morimos y seguimos adelante.

Solo de esta manera podremos levantarnos de esta hecatombe, de este miedo; solo así seremos más héroes y menos heroína, más corazón y menos rabia, más sociedad y menos clase política, más amor y menos odio, más vida y menos muerte.

Buena suerte Javier, sé que nada de lo que haga o diga podrá curar tu dolor ni el de todas las familias que han perdido a un ser amado en esta guerra fallida, pero seguiré luchando, francamente no sé contra qué, ni contra quién, solo tengo la certeza de que no puedo quedarme viendo la vida morir.

Tal vez todo lo que escribo es un pretexto para legitimar mi caos interno, mi rabia, mi duda, mi incertidumbre, mi espera a ese ser que no sé quién es, pero que ojalá llegue, ojalá no tarde la condenada.

Ojalá no llegues en forma de bala que perfore mi sien, conservo la esperanza de que arribarás antes de que escriba algo que me condene a ser un levantado más.

Te espero…