Claman justicia por muerte de “Mari”, joven oaxaqueña de 17 años

MADERA, California.- Dos supervisores agrícolas acusados por la muerte de una adolescente mexicana en un viñedo en California, en 2008, llegaron a un acuerdo para declararse culpables y evitar una condena en prisión. Un juez del condado de San Joaquín aprobó ayer el acuerdo.

La decisión causó el repudio inmediato de defensores de los trabajadores agrícolas.

La joven, María Isavel Vásquez Jiménez, estaba emocionada por haber conseguido su primer empleo en Estados Unidos y por el cheque que pronto enviaría a casa, según contó cuando llamó a su familia, antes de empezar a trabajar podando viñedos. Tres días después, María Isavel, quien estaba embarazada, se desplomó luego de trabajar durante más de nueve horas bajo un calor de 38 grados centígrados en los viñedos del condado de San Joaquín.

Las autoridades señalan que María Isavel, de 17 años, murió porque sus capataces le negaron la posibilidad de guarecerse bajo la sombra o de beber agua mientras recolectaba uvas.

En un principio, los supervisores, María de los Ángeles Colunga, propietaria de Farm Labor, y su hermano Elías Armenta, director de seguridad de la compañía, fueron acusados de homicidio involuntario.

La muerte de la muchacha derivó en el primer caso penal por la muerte de uno de ellos a causa del calor. Las regulaciones sin precedentes sobre la temperatura que California instituyó en 2005 buscan proteger a los 450 mil trabajadores temporales, pero activistas dicen que las reglas son violadas rutinariamente y critican el acuerdo que avaló el juez, diciendo que significa que los acusados sólo tendrán que cumplir horas de servicio comunitario, pero no prisión.

“Es difícil imaginar que la única acción contra los empleadores sea algún tipo de servicio comunitario y una multa reducida”, denunció Arturo Rodríguez, presidente de United Farm Workers. “Eso no demuestra ningún tipo de compromiso con las leyes que protegen a los trabajadores”.

Mari, como la llamaban sus familiares, se crió en el pueblo mixteco de San Sebastián Nopalera, de 5 mil habitantes.

Cuando tenía ocho años, su padre murió en una disputa agrícola y la familia se sumió en la pobreza. Como hija mayor, Mari ayudaba a cuidar de cinco hermanos. Madre e hija producían y vendían tamales y otros alimentos y trabajaban en los campos para ganar unos 50 pesos, o cuatro dólares, diarios.

Trabajadora y dispuesta

“Siempre estaba dispuesta a trabajar”, afirmó su madre Jovita Margarita Jiménez en una entrevista telefónica. “Tenía muchas ideas. Siempre estábamos hablando y planeando qué podíamos hacer. Confiábamos una en la otra y trabajábamos juntas para sobrevivir”.

Pese a las protestas familiares, Mari contrató a un “coyote” y tras un intento frustrado por cruzar el desierto de Arizona, pudo llegar a Phoenix y después se reunió con su novio en Madera, California.

También trabajador agrícola, su novio Florentino Bautista ahorró suficiente dinero para un anillo de plata de compromiso. Pero nunca se casaron; María Isavel, que tenía dos meses de embarazo, murió cinco días después del Día de la Madre.

Bautista atestiguó que, cuando la muchacha se desplomó, nadie llamó a una ambulancia y el capataz recomendó que descansara en una camioneta calurosa y la revivieran con una toalla humedecida y alcohol de frotar. Los inspectores descubrieron después que Merced Farm Labor, la contratista que proveía la mano de obra, no suministraba agua, sombra ni entrenamiento de seguridad.

Después de que se produjo la muerte de Mari, Mercer Labor entregó su licencia.