Correa recibió al Papa Francisco en medio de fiesta popular

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, recibió hoy con efusividad y en medio de una fiesta popular al Papa Francisco en el Palacio Presidencial de Carondelet, donde conversaron en privado.

Poco después de las 18:15 horas local, (23:15 GMT), el avión papal procedente de Guayaquil, donde la mañana de este lunes Francisco celebró una misa multitudinaria, aterrizó en el aeropuerto “Mariscal Sucre” de la capital ecuatoriana.

En su paso por Guayaquil, el líder católico se encontró con un intenso sol y una temperatura cercana a los 35 grados, pero todo cambió en Quito, donde lo recibió la lluvia y una temperatura cercana a los 10 grados.

A bordo de un vehículo cerrado el Papa se trasladó unos 40 kilómetros hasta el Palacio Carondelet, donde fue recibido por el jefe del protocolo de la Casa Presidencial que lo acompañó hasta un ascensor cercano donde lo esperaba Correa.

Antes de ingresar a la audiencia privada, los dos se asomaron unos momentos al balcón central del edificio y saludaron a miles de personas que abarrotaron la plaza externa.

Al momento, la multitud se enardeció, también por la emoción de la música.

Luego, el pontífice y el presidente se dirigieron hasta el Salón de Protocolo, donde conversaron en privado. Simultáneamente el “número dos” del Vaticano, el secretario de Estado Pietro Parolin, dialogó con el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño.

Con ellos estuvo el nuncio apostólico, Giacomo Ottanello, y otras autoridades civiles. Se reunieron en el Salón de Gabinete.

Después tuvo lugar un intercambio de regalos. El Papa regaló un cuadro mosaico que reproduce una imagen del siglo XIII venerada en la Capilla del Santísimo Sacramento en la Basílica San Pablo extramuros de Roma.

Los diálogos entre Francisco y Correa, por los pasillos del palacio, fueron distendidos. Mientras Jorge Mario Bergoglio era conducido de sala a sala en el edificio, afuera la gente impaciente gritaba: “¡Queremos bendición! ¡Queremos bendición!”.

Cuando el Papa se volvió a asomar a uno de los balcones para dar su bendición, la multitud respondió emocionada.

Acto seguido el presidente presentó a su familia, un nutrido grupo entre los cuales se encontraban una monja y un religioso, con los cuales el pontífice se entretuvo unos momentos.

En el contiguo Salón Amarillo se dio la presentación de las delegaciones, primero la vaticana y después la ecuatoriana.

Los saludos se alargaron muchos minutos, durante los cuales Francisco bendijo rosarios, estrechó manos, hizo chistes, bendijo a embarazadas y accedió a tomarse “selfies”.

Al final el presidente acompañó a su huésped de nuevo hasta el balcón, donde saludó por última vez, y de ahí hasta la puerta del Palacio, desde donde se dirigió –a pie y entre la gente- a la catedral cercana.

INF./NOTIMEX