
México.- El combate a la corrupción, la promoción de valores, la participación ciudadana y la cultura de la legalidad deben sumarse a la acción policial para combatir al crimen organizado en México, que constituye una delincuencia identitaria, similar a las mafias siciliana, rusa y japonesa, e incluso al nazismo, afirmaron expertos europeos en el tema.
Durante un foro organizado por EL UNIVERSAL, el ex alcalde de Palermo Leoluca Orlando, Dolores Delgado y Fernando Andreu, fiscal y juez de la Audiencia Nacional Española, respectivamente, y Baltasar Garzón, asesor del fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), analizaron el fenómeno del crimen organizado en México y compartieron experiencias internacionales en su combate.
Durante el encuentro, en el que participaron colaboradores de esta casa editorial, el ex alcalde de Palermo consideró que el atentado en Monterrey es un parteaguas en la problemática mexicana y permite establecer que en el país no existe una criminalidad normal, sino una criminalidad identitaria, una mafia.
El también presidente del Instituto para el Renacimiento Italiano explicó que es necesario distinguir entre la llamada criminalidad normal, que puede ser individual u organizada, y la criminalidad identitaria, que usa y pervierte los valores de identidad de un pueblo, porque necesita el consentimiento de los mismos ciudadanos, y citó el ejemplo de la mafia siciliana.
“Hablo de la mafia tradicional, que usaba y pervertía valores como honor, familia y amistad. El mismo mecanismo usan la mafia china, que pervierte valores chinos, la mafia japonesa, la mafia rusa. Todos los mafiosos sicilianos tienen la cara de los sicilianos; los rusos, la cara de los rusos; en China, la cara de los chinos, porque necesitan confundirse con la población”, expuso.
Mecanismo nazi
Afirmó que el mismo mecanismo utilizó el nazismo, que pervirtió el respeto por la ley de la cultura alemana para justificar sus crímenes.
Dolores Delgado dijo no saber si Monterrey podía considerarse un parteaguas, pero afirmó que sí debe ocurrir algo tras el ataque al Casino Royale, y recordó las experiencias de participación civil generadas en España a mediados de los 90, como el surgimiento del Movimiento de Manos Blancas Basta Ya, luego de graves atentados de la organización terrorista ETA.
Explicó que el detonador fue el asesinato de Francisco Tomás y Valiente, ex presidente del Tribunal Constitucional, y el secuestro del concejal Miguel Ángel Blanco, también asesinado por la ETA.
“En julio de 1997 la gente comenzó a salir a la calle pidiendo la libertad de Miguel Ángel Blanco. Hace 510 días que no hay un atentado terrorista, pero cada atentado era respondido por este movimiento de Manos Blancas. No sé si Monterrey va a ser un antes y un después, pero sí se requiere que pase algo”, consideró.
Baltasar Garzón también destacó la importancia del combate a la corrupción que, dijo, es endémica en cualquier país que se presente, aunque no sale a flote en todas las ocasiones, ya sea que ocurra en una dictadura, donde el mismo régimen es corrupto, o en una democracia, donde se espera una retribución por tolerarla.
“Si estamos de acuerdo es rechazable, lo que no se puede aceptar es la aceptación de la corrupción. Hay un componente de aquiescencia por parte de la sociedad en aceptar esos comportamientos, y eso es lo que hay que combatir”, afirmó.
El ex juez de la Audiencia Nacional Española consideró que frente a estas situaciones debe desarrollarse lo que llamó “el principio de indignación activa” en la sociedad, que no debe conformarse únicamente con protestar, sino que también debe exigir al gobierno que actúe y haga lo que debe hacer.
“Hay que decir basta, hay que salir a las calles y eso no es quitarle responsabilidad al gobierno”, dijo, y recordó cómo las comunidades indígenas de Colombia lograron expulsar de sus territorios, sin violencia, a la guerrilla.
Fernando Andreu expresó su preocupación por la vigencia de los derechos humanos, tras conocer estadísticas según las cuales la sociedad mexicana parece estar cediendo en la defensa de los principios constitucionales a favor de la seguridad, en el contexto del combate al crimen organizado.
Dijo estar impresionado de que casi un tercio de la población encuestada llega a justificar la posibilidad del asesinato extrajudicial de un sospechoso, aprobar el toque de queda o, incluso, la utilización de la tortura en interrogatorios.
“Realmente esto me ha preocupado bastante desde el momento en que parece que existe esta confrontación seguridad-defensa de los valores, como si fueran antagónicos y no pudieran ser complementarios, que es precisamente lo que deben ser… Lo que conseguimos con la seguridad es que tengamos la posibilidad de ejercer esos valores y esos derechos y, al mismo tiempo, el ejercicio de esos derechos nos da la seguridad en la convivencia”, manifestó.
Consideró que esa postura es muy peligrosa y que es necesario hacer ver a la sociedad civil que debe exigir a las autoridades ser defendida frente a quienes causan inseguridad y frente a quienes pretendan vulnerar sus derechos o no respetarlos.
En la sesión de preguntas, María Elena Morera, activista y titular de Causa Común, cuestionó sobre la forma en que se puede llegar a romper con el sistema de corrupción que se tiene a nivel de sociedad civil, para poder establecer un parteaguas en el país.
En respuesta, Leoluca Orlando afirmó que “hay un elemento de esperanza en Monterrey y son las mujeres y niños que bajaron a la plaza a protestar, que no tuvieron miedo, como muchos funcionarios y políticos sí lo tuvieron. Esa reacción fue rechazar el objetivo del miedo”.
Agustín Basave, doctor en ciencia política por la Universidad de Oxford, preguntó sobre la forma en que en Italia se combate la idea de que la corrupción es más rentable que la legalidad.
Orlando respondió que en muchos países lo que falta introducir es la ética y la conveniencia, debido a que, quitando la parte moral de los actos individuales de corrupción, son delitos y también pueden ser actos convenientes, pero el sistema de corrupción no es conveniente.
Acto terrorista
En tanto, José Fernández Santillán, filósofo y político mexicano, cuestionó si lo que ocurrió en Monterrey es un acto terrorista, a lo que Leoluca Orlando consideró que efectivamente “lo que pasó en Monterrey es un acto terrorista porque buscó generar miedo y tuvo dos destinatarios: los empresarios y los ciudadanos”.
Sin embargo, Baltasar Garzón consideró que se debe esperar la calificación jurídica de lo que ocurrió en Monterrey, pero en su opinión se trata sólo de un acto de crimen organizado.
Por su parte, el internacionalista Jorge Chabat pidió la opinión sobre el tema de quitar la prohibición a las drogas, a lo que Garzón opinó que es un asunto que se debe analizar, ya que desde su punto de vista se criminaliza a los consumidores de droga, quienes no dejarán de usar narcóticos dentro de las cárceles, por lo que se debe considerar un nuevo enfoque.
En su turno, Ricardo Raphael, también colaborador de esta casa editorial, cuestionó que México se encuentre en un momento que implique un parteaguas, mientras que José Antonio Crespo preguntó la razón de que en otros lugares como España, donde se tiene un alto mercado de consumidores de droga, no hay los niveles de violencia que se registran en México, y finalmente Ernesto López Portillo opinó que la delincuencia organizada generó una crisis de identidad con la aparición de la violencia extrema.
Andreu respondió que en España se tienen controles más estrictos para evitar el ingreso de armas, además de que el alto nivel de consumidores ha provocado que exista mercado para todo.
En este sentido, consideró Andreu que mientras los grupos del crimen organizado se pelean en México, la droga se compra en España y en otros países. Finalmente, comentó que, tras muchos años de dictadura, los españoles tienen confianza en sus policías.
En tanto, al referirse al caso específico del tráfico de drogas refirió que se han registrado casos en los que han estado involucrados mexicanos, lo cual se ha conocido tras su detención.
“No será que la lucha se está haciendo aquí, el terreno, la lucha de poder respecto de España y de otros sitios se está librando por ejemplo en territorio mexicano, colombiano, entre los cárteles, y allá mandan a su delegado”, manifestó Andreu.
Fenómeno global
Sobre el mismo tema, Baltasar Garzón agregó que no se puede considerar que el fenómeno del narcotráfico y del crimen organizado sea un fenómeno local. “Aquí es evidente que las autoridades están presionando a las organizaciones, y esas organizaciones hacen dos cosas: pelean entre ellas para tener un dominio territorial para ese mercado de consumo que antes no era tanto, sino país de paso”.
En segundo lugar, explicó, las organizaciones del narcotráfico de México están buscando nuevos escenarios donde la presión sea menor, “y eso está demostrado incluso por las propias Naciones Unidas, que los cárteles mexicanos, por la presión del lado de la frontera de Estados Unidos y de la propia presión interna, buscan otros lugares. ¿Cuáles? Estos son Honduras, Guatemala y El Salvador, el nuevo triángulo de oro, que ya sustituye al de nuevo oriente que era el de la heroína”, aseguró Garzón.
De manera paralela, expresó, los cárteles mexicanos están cambiado sus rutas debido a la presión policial en Europa, donde se aplican vigilancias biométricas y en altamar, por lo que han optado por países con características de Estados fallidos, como los de la cuenca de África, desde el desierto del Sahara.
Esas nuevas rutas, destacó Garzón, han establecido además una característica: como ocurrió con los cárteles colombianos, ahora se compra de manera directa a los cárteles mexicanos.
Garzón consideró que en España no se ha llegado a los niveles de violencia que hay en México porque el combate al terrorismo, como al narcotráfico, se realiza con estricto apego al sistema judicial y civil, pero no se ha utilizado al Ejército.
Y, además, apuntó Garzón, debido a que España no es un país de producción, tiene altos niveles de consumo de drogas y eso ha hecho “que las organizaciones no combatan digamos más que a pequeño nivel, en territorios, porque, digamos, había para todos. La violencia ha sido por ajustes de cuentas o por arrepentidos que colaboraban con la justicia”.
Agencia El Universal