Desde principios de mes lo advirtió el párroco del templo de Simojovel, en Chiapas, Marcelo Pérez Pérez cuando en su mensaje leído a los maestros pidió al Gobierno Federal: “No más represión, porque eso genera revolución”.
Y advirtió: “Si usted (Enrique Peña Nieto) sigue mandando policías para reprimir al pueblo, vendremos nuevamente a peregrinar no solo representantes de las comunidades eclesiales, sino que animaremos y levantaremos a todo el pueblo de Dios”.
Podría ocurrir en cualquier lugar. Y la revuelta ocurrió en Oaxaca, cuando en el municipio de Asunción Nochixtlán, elementos de las policías Federal y Estatal llegaron a desalojar el bloqueo carretero instalado desde ocho días antes por integrantes de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y de organizaciones sociales afines.
El diputado local, Jesús López Rodríguez, cuenta que “la gente salió espontáneamente al llamado de líderes magisteriales y del párroco de la iglesia, donde solicitaban el apoyo para ir a reforzar a los maestros”, porque además “había el rumor de que la PFP iba a entrar al pueblo”, y “la policía recibió a la gente a balazos”.
Apenas el jueves de la semana pasada, el cura Alejandro Solalinde, en una plática con maestros en la barricada instalada en el acceso al municipio de Juchitán de Zaragoza, en el Istmo de Tehuantepec, dijo que un grupo de personas envió una carta al Presidente de México, Enrique Peña Nieto, para instalar una mesa de diálogo.
Solalinde, con su espontánea franqueza, dijo: “Este gobierno se ha cerrado. (Es) lo peor del priismo, y en su peor época; nos tocó una época de decadencia, de cinismo… y México se nos está yendo de las manos, se está perdiendo, y Oaxaca también. Debemos unirnos a la lucha, poco a poco se irá uniendo la gente porque existe mucho descontento; estamos en un México agraviado, herido, por eso debemos unirnos para salvar México, y a Oaxaca, Chiapas y Guerrero (que) son los estados donde se están viendo las mayores injusticias.
El contexto anterior refiere advertencias sobre escenarios de violencia con el uso de la fuerza pública, y nadie lo previno. ¿O no quisieron entenderlo?
¿Quién debe irse?
Ciertamente, en menos de tres días Oaxaca se convirtió en territorio intransitable, expuesto a toda clase de peligros, donde la población quedó desamparada, y diversos sectores sociales exigían –y siguen exigiendo— hacer valer el Estado de Derecho, pero éste tampoco es sinónimo del uso de la fuerza pública de manera desproporcionada y sin medir las consecuencias en una entidad donde basta tirar un cerillo para incendiarla.
Faltó operación política. No se trataba solamente de detener a los dirigentes de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y al mismo tiempo aventar a la policía, dejando suelta la peligrosa situación social y política prevalente en Oaxaca, donde además hay antecedentes de guerrilla.
La operación política debió acompañar la Reforma Educativa desde su elaboración. ¿O acaso pensaban en aplicar la máxima de los maestros de antaño cuando garantizaban el aprendizaje de sus alumnos diciendo: “La letra con sangre entra”? Así, ¿la Reforma con sangre entra?
El aparato de inteligencia de la Secretaría de Gobernación falló en Oaxaca. No detectó el explosivo social puesto en las barricadas, donde los maestros de la Sección 22 han tenido el acompañamiento de organizaciones afines, cuyos integrantes forman parte de las comunidades. Y tampoco calculó la infiltración existente en el magisterio de grupos políticos y hasta radicales.
¿O sí lo calculó y Miguel Ángel Osorio Chongo desestimó el probable escenario?
Cuando dieron el golpe de timón quitándole a la Sección 22 el control del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), el entonces Secretario de Gobernación, Emilio Chauyffet, a nombre del presidente Enrique Peña Nieto ofreció todo el respaldo del Gobierno Federal al Gobierno de Oaxaca para la implementación de la Reforma Educativa.
Solo entonces, antes nada. La participación de Oaxaca en la elaboración de la Reforma Educativa hubiera evitado el derramamiento de sangre y que se exponga la seguridad nacional. Porque los hechos violentos del domingo pasado ocurridos en Nochixtlán, con un saldo de ocho muertos, desató el enojo de diversos sectores sociales en todo el país; incluso de la comunidad internacional.
El Secretario de Educación Pública , Aurelio Nuño Mayer, nada tiene que hacer frente al desencadenado encono social.
Y en todo el conflicto, ¿cuál es la responsabilidad de Cué?
Cué, embestido por sus aliados
Gabino Cué Monteagudo llegó a la gubernatura de Oaxaca impulsado por el entonces Partido Convergencia, pero con el respaldo decidido del PRD y del PAN, mediante una coalición a la cual sumaron al PT.
El PRD como partido político presumió a Cué como el gobernador de la “transición democrática”, y no hace mucho, los perredistas en su mayoría le profesaban respeto y hasta obediencia. Y así hubiesen seguido si la coalición “Con Rumbo y Estabilidad por Oaxaca”, hecha con el PAN, hubiera ganado la elección de gobernador del pasado domingo cinco de junio. ¿O no?
Pero como perdieron, ahora se deslindan del gobierno de Cué, de la represión en Nochixtlán.
¿Por qué hasta ahora? Hubo un primer desalojo de maestros en la sede del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), y nadie dijo nada.
Amén de los errores de Gabino Cué, la petición de los perredistas, encabezados por el diputado federal Francisco Martínez Neri, se ve como una tardía posición para quedar bien con la Sección 22, que abandonó al PRD y se fue con Morena; se ve como una acción para empezar a levantarse de su debacle electoral, de la cual son responsables los propios perredistas.
Oportunistas
En más de un mes de movimiento magisterial, casi nadie alzó la voz ni en defensa de los maestros, ni en defensa del pueblo oaxaqueño. Sin embargo, ahora los políticos se rasgan las vestiduras pidiendo “alto a la represión”, “diálogo”, etc. Oportunismo puro.
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