Francia…37 ministros publican patrimonio…reservan el de cónyuges

¿Puro strip-tease político, mero golpe de efecto, o primeras pruebas de la prometida República ejemplar? La duda asalta todavía a muchos franceses.

Pero la primera medida ordenada por François Hollande para responder al escándalo de su exministro de Hacienda —que esconde desde hace 20 años su dinero en cuentas secretas de Suiza y Singapur— ha dado este lunes un aire febril, y más humano, a la siempre principesca clase política francesa -según nota de El PAÍS-.

Según lo prometido la semana pasada por el presidente, los 37 ministros y viceministros del Gabinete socialista han publicado pasadas las seis de la tarde en la web http://www.declarations-patrimoine.gouvernement.fr/, una declaración firmada en la que detallan su patrimonio económico, mobiliario e inmobiliario.

Una decena de ministros han ido preparando el terreno en los últimos días adelantando sus patrimonios en la prensa.

No por casualidad, Arnaud Montebourg (Recuperación Productiva), Marie-Arlette Carlotti (Exclusión Social), Cécile Duflot (Vivienda) y Pascal Canfin (Desarrollo) han revelado tener unos bienes bastante modestos, aunque superiores a los de la ministra más joven, y de lejos la más pobre de los 37, que es la titular de Igualdad y portavoz, la franco-marroquí Najat Vallaud-Belkacem. A sus 35 años, NVB solo declara 25.000 euros de ahorros.

Muy por encima se sitúa la ministra de Salud, Marisol Touraine, que ya ha admitido que paga el temido Impuesto sobre la Fortuna (ISF), una tasa que solo se aplica a los contribuyentes que poseen un patrimonio neto superior a 1,3 millones de euros.

Otro caso llamativo es el de la ministra delegada para la Tercera Edad, Michèle Delaunay, que aparecerá sin duda entre los tres o cuatro ministros más pudientes del Gabinete. El lunes anunció en la prensa que posee 5,4 millones de euros, procedentes en su mayoría, según explicó, de una herencia: “Sé que es un patrimonio importante, y que será difícilmente comprensible para la mayoría de franceses, que pasa dificultades”, dijo. “La oposición no dejará de deleitarse con mi imagen de la socialista rica”.

Los patrimonios de los ministros.

Jean-Marc Ayrault (primer ministro)? Una casa en Nantes (650.000 euros)?Otra en Sarzeau (540.000 euros)?Seguro de Vida y plan de Pensiones por 100.000 euros?Cuentas corrientes conjuntas y libretas: Unos 78.000 euros
Laurent Fabius (Asuntos Exteriores)? Apartamento en París: 2,75 millones?Casa en Ariège 680.000?Casa en Alta Normandía: 465.000 euros, comprada con un préstamo de 515.000 euros?Una Sicav de 1.218.874 euros?Títulos en PME energía solar. 66.000 euros?Seguro de Vida: 516.349?Cuentas corrientes: 5.432 en la BNO y -30.000 euros en el HSBC?Otros valores mobiliarios. 630.000 euros?Plan Pensiones: 222.351 euros.

Pierre Moscovici (Economía y Finanzas)?Piso en Montbeliarde: 200.000 euros?Bolsa: 17.368 (Societé Generale)?Seguro de vida: 7.574 euros?Cuentas corrientes: 13.400 euros?Otros bienes mobiliarios: 30.000 euros. Manuel Valls (Interior)? Una casa en Evry de 88m2: 254.500 euros?Un piso en París de 44m2: 315.000 euros?Cuentas: 108 euros, 16,9, 985,3 y 478,8?Créditos: 70.000 euros (personal) y 236.000 euros (hipotecario).

Michel Sapin (Trabajo)? Casa en Argenton-sur-Creuse de 700 metros. 350.000 euros?Tierras agrícolas: 590.000 euros?Apartamento en París (distrito 7) de 55 metros: 600.000 euros?Casa en Notre-Dame-de-Belle-Combe de 11 metros: 280.000 euros?Casa en Ille D’Yeu: 250.000 euros?Cuentas corrientes: 4.000 euros?Otros bienes mobiliarios: 146.000 euros?Barco de pesca. 4.000 euros?Préstamos: 138.000 euros (2009).

Christine Taubira (Justicia)? Una casa en Cayenne: 70.000 euros?Terrenos en Cayenne y Rouza: 110.500 euros?Seguro de vida : 84.925 euros?Cuentas corrientes: 65.000 euros?Un coche Hyundai: 13.000 euros
?Tres bicicletas: 900 euros

Según todas las previsiones, el más acaudalado del Gabinete es el ministro de Exteriores, Laurent Fabius, hijo de un marchante de arte. Mientras tanto, el súper ministro de Finanzas, Pierre Moscovici, se ha limitado a avanzar que vive en un apartamento alquilado en París, y que todavía se arrepiente de no haberse comprado casa hace 30 años.

El presidente de la República no ha predicado con el ejemplo porque ya que hizo público su patrimonio durante la campaña electoral. El viceministro de lo Agroalimentario, Guillaume Garot, recordó que, nada más llegar al Elíseo, Hollande impuso una rebaja del 30% a su propio sueldo y al de todos los ministros.

El trámite de la auto declaración no incluirá finalmente las hojas de las declaraciones de la renta para respetar la privacidad de terceros (cónyuges y demás parentela), pero así y todo ha suscitado agrias críticas de la oposición conservadora, que acusa a Hollande de fomentar el voyeurismo y las sospechas de los ciudadanos contra la clase política.

Según ha dicho el líder de la UMP, Jean-François Copé, lo importante no es saber cuánto dinero tiene cada cuál, “sino si los políticos se han enriquecido o no gracias a la política. El resto es voyeurismo”. Copé ha rechazado publicar la lista de sus bienes hasta que la ley anunciada por Hollande la semana pasada le obligue a hacerlo.

Otros dirigentes de la derecha han salido al ruedo mediático para atacar la operación. El exministro de Agricultura Dominique Bussereau definió la confesión colectiva como “el gran strip-tease del Crazy Horse (un famoso cabaret) gubernamental”.

Y Henri Guaino, el diputado que escribía los discursos de Sarkozy, y que es uno de los más intolerantes adversarios del matrimonio gay, señaló: “Estamos montando una sociedad de la sospecha, de la presunción de culpabilidad, de los celos y la envidia, de lo más detestable”.

Las encuestas revelan que el 63% de los franceses considera positivo que los cargos electos hagan públicos sus patrimonios, aunque un 70% añade que le produce indiferencia conocerlos en detalle.

La apuesta de Hollande ha molestado también a algunos dirigentes destacados del Partido Socialista, como Claude Bartolone, presidente de la Asamblea Nacional, que ha advertido que la exigencia de transparencia total a todos los cargos públicos puede acabar alimentando el populismo.

En esa línea, el politólogo Pierre Birnbaum ha dicho en Le Monde que la diatriba de Hollande contra “la deriva del dinero y la oscuridad de la finanzas ocultas” recuerda a expresiones de los años veinte y treinta que pertenecen al “viejo fondo semántico de la extrema izquierda y la extrema derecha”.

La reacción de Hollande, que se explica por la necesidad de replicar rápido y con firmeza al escándalo Cahuzac, desprende cierto tufo a propaganda.

En realidad, las medidas por la ejemplaridad y contra el conflicto de intereses estaban ya en su programa electoral. La paradoja es que, ahora, algunas son más leves de lo que eran, e incluso más suaves de lo que recomendó el informe de la Comisión Jospin para moralizar la política, cuyas conclusiones Hollande recibió en noviembre.

Por ejemplo, la obligación de que los bancos publiquen sus filiales país por país y expliquen la naturaleza de sus actividades existe ya en la ley bancaria que se debate en el Parlamento, aunque es bastante más descafeinada que la promesa electoral que anunció que los bancos no podrían ejercer en paraísos fiscales.

Dominique Rousseau, profesor en la Sorbona y miembro de la comisión Jospin, ha escrito que lo urgente “es exigir la imparcialidad de los gestores del dinero público, no su transparencia”, y que es esencial que en los órganos de control no haya “enarcas” (diplomados de la Escuela Nacional de Administración, como el propio Hollande), pues estos copan las cúpulas de bancos y empresas privadas y públicas.

El plan de choque moralizador presenta otros riesgos políticos, dicen sus críticos, porque los franceses nunca han tolerado la riqueza, y el morbo de las cifras podría volverse contra los socialistas si el público cree que el tren de vida de sus gobernantes es demasiado confortable para la crisis económica y el elevado paro que sufre el país.

Pero Hollande trata de hacer de la necesidad virtud, y cree, al revés, que solo una transparencia ejemplar le permitirá superar el escándalo del evasor que luchaba contra el fraude fiscal.