Mauricio Macri promete unidad…Cristina Kirchner lo desmiente

Mauricio Macri empieza su mandato con una clara debilidad parlamentaria, sin mayoría, y con el kirchnerismo en guerra contra él. El nuevo presidente sabe que tiene enfrente a buena parte de los argentinos, que en un 48% le rechazaron. Por eso el eje de su primer discurso como presidente se ha centrado en la unidad. Macri promete unir a todos los argentinos, y necesita buscar acuerdos cuanto antes para gobernar. El nuevo presidente garantizó que no habrá autoritarismos: «La política no es competencia para ver quién tiene el ego más grande» -según nota de El PAÍS-.

El presidente ha lanzado un discurso en todo muy bajo, sin exhibiciones de poder, en un tono conciliador. Enfrente, en el Congreso en el que hablaba, tenía decenas de escaños de vacíos: los de los kirchneristas, que como su líder, Cristina Fernández de Kirchner, han decidido boicotear el acto y no asistir. Sí estaba allí el gran rival de Macri en las elecciones, Daniel Scioli, pero no los diputados y senadores más fieles a la presidenta.

Gracias a la ausencia del kirchnerismo, que finalmente no organizó ninguna marcha en las calles contra Macri, el nuevo presidente pudo tener la fiesta que quería y recorrió la avenida de Mayo en un ambiente festivo, con su mujer, Juliana Awada, ambos en un coche descapotable, saludando a la gente con enorme tranquilidad mientras ellos le gritaban «¡Sí se puede!» y «¡Argentina! ¡Argentina!» .

Las dos Argentinas se dieron cita en el mismo lugar pero en días diferentes. Si el miércoles la presidenta logró llenar la plaza de Mayo para su despedida, hoy Macri también la llenó de fieles que saludaban al nuevo presidente. Empezó la era Macri y él salió al balcón histórico de la Casa Rosada, el de los discursos de Perón y Evita, se quitó la banda y bailó una cumbia a su particular estilo mientras la vicepresidenta, Gabriela Michetti, la cantaba micrófono en mano.

El presidente trata de mostrar normalidad y alegría mientras Argentina vive una absoluta anormalidad, porque no fue la presidenta quien le puso la banda a su sucesor, como es tradicional, sino el macrista Federico Pinedo, presidente transitorio del Senado, que ocupó el poder durante unas horas por decisión judicial.

En este ambiente de enorme tensión con la oposición, que se apunta muy dura, Macri trató de convencer a los argentinos para dejar atrás esa pelea y buscar una conciliación que necesita para sacar adelante las reformas y evitar un estallido social. “Buscamos un país unido en la diversidad, queremos el aporte de todos, los de derechas y los de izquierdas, peronistas y no peronistas. Todo esto puede sonar increíble después de años de enfrentamientos. Pero es lo que pidieron millones de argentinos cansados de enfrentamientos inútiles”, clamó el nuevo presidente.

“Ya pasaron las elecciones. Si nos animamos a unirnos, los argentinos seremos imparables”, insistía en esa idea de la reconciliación que tanto rédito electoral le ha dado a un hombre que nadie pensaba hace un año que podría llegar a ser presidente. Entonces pesaba mucho su apellido, el de uno de los empresarios más ricos del país, su padre, Franco. Pero Macri ha logrado romper el techo y ganar las elecciones por la mínima, pero sin discusión. Ahora sabe que su primer objetivo es que la clase media y, sobre todo, la popular que votó al peronismo dejen de tenerle miedo. “Convoco a todos a aprender el arte del acuerdo. Frondizi dijo que el desafío no es de una persona sino de todo el pueblo. El país lo vamos a sacar adelante entre todos”, insistió.

Macri dejó claro los tres ejes de su mandato, los que le llevaron a la victoria electoral: “Pobreza cero, derrotar el narcotráfico y unir a los argentinos”. “El Estado va a proteger a todos, ningún chico quedará desprotegido. Vamos a urbanizar las villas para transformar la vida de miles de familias. Vamos a multiplicar las fuentes de trabajo. Hoy hay una pobreza inaceptable”, insistió como mensaje a esa parte de la población que más desconfía de él. El reto es enorme y en cuanto empiece a tomar medidas duras ya sabe que tendrá enfrente al kirchnerismo. Pero el poder que tiene ahora en un país presidencialista como Argentina es enorme. En poco tiempo se sabrá cómo empieza de verdad la era Macri.