Dicho está que las crisis son grandes oportunidades para triunfar, desarrollarnos y progresar personal, familiar o socialmente. La crisis exige cambios radicales que ponen en jaque nuestra comodidad y generan miedo y ansiedad ante la necesidad de renovarnos.
La letra y el espíritu de la palabra crisis entraña momentos de evolución, inestabilidad o desintegración histórica, política, económica, social, personal o familiar. Es una transición entre lo que representa el pasado y la incertidumbre ante lo que vendrá a futuro.
La idiosincrasia occidental teme a las crisis porque implica ruptura, pues las asociamos con resultados sociales, personales y familiares adversos e, incluso, nos provoca un miedo paralizante que puede frenar nuestras iniciativas para vencerlas y salir adelante.
Lamentable y dolorosamente, las más de las veces el miedo lleva a posturas pasivas, desata temores y reacciones que llevan a la reducción de nuestras expectativas, deseos y a la contracción de la actividad económica y social. Nos hace perder el tren de vida.
Esta explicación inicial, es el contexto general que pretende hacer entendible la actitud pasiva de la inmensa mayoría de los oaxaqueños ante el prolongado cuanto prefabricado conflicto magisterial por la Sección XXII de la CNTE, que dura ya 36 largos años.
La parálisis de los diversos sectores sociales que rechazan y condenan la destrucción de la educación pública por los fanáticos fundamentalistas marxista-leninistas infiltrados en el magisterio, tiene razón en alguna medida por el terrorismo de la CNTE.
Sin embargo, la inmensa mayoría de los oaxaqueños deben estar ciertos que históricamente está demostrado que nadie hará por ellos, lo que ellos mismos no estén dispuestos hacer por sí mismos. Ello requiere, desde luego, decisión y fuerza de voluntad para hacerlo.
Esta coyuntura económica, política y social, derivada de la crisis provocada por la Sección XXII de la CNTE, es la gran oportunidad de oro que tiene el presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, para derrotar a Manuel Andrés López Obrador.
A estas alturas de la reedición de la revuelta del 2006, diez años después, nadie ignora que los 84 mil trabajadores de la educación en la Sección XXII, son el sustento de la CNTE.
Tampoco se ignora que el presidente nacional del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) mantiene una estrecha alianza con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en general y de manera particular en el sureño estado de Oaxaca.
Manuel Andrés López Obrador y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación han convertido a Oaxaca en su laboratorio político nacional y a la reedición de la revuelta de 2006 en la chispa que estalle la primera revolución del Siglo XXI en México.
Dada su obsesión patológica por llegar a tomar por asalto la Presidencia de la República, el máximo poder político en México, en la madre de todas las batallas electorales a realizarse en 2018, la actual revuelta no es más que el ensayo de lo que está por venir.
Para nadie es un secreto que con genial perversidad, López Obrador convirtió a Oaxaca en su principal feudo del que ha obtenido votos y dinero público, a través del desvío de recursos realizado por Salomón Jara Cruz, como secretario de Desarrollo Agropecuario y Forestal.
De tal manera, pues, que si los dirigentes nacionales y estatales del Partido Revolucionario Institucional apoyan a los oaxaqueños en general exigiendo respeto al Estado de Derecho y a las leyes que de este emanan contra la subversión de la Sección XXII, derrotarán al Peje en 2018.
Y para lograrlo, nada mejor que los líderes nacionales y estatales del PRI apoyen a los diversos sectores productivos organizados en las cámaras y organismos empresariales en su lucha porque el gobierno priista del presidente Enrique Peña Nieto respete y haga respetar la Ley.
La razón es muy simple y sencilla para apoyar a los integrantes de las cámaras y organismos empresariales, primeramente, porque son los que está dando la batalla legal contra el terrorismo de la CNTE en general en el resto del país y en particular de la Sección XXII en Oaxaca.
Además, porque al hacerlo evitarán su voto de castigo y arrebatarán millones de votos al Partido Acción Nacional (PAN) que tradicionalmente recibe los sufragios de la clase media alta y alta identificada a lo largo de la historia con los empresarios y la iniciativa privada.
Los dirigentes nacionales y estatales del Partido Revolucionario Institucional no deben perder de vista, por tanto, que de manera práctica y pragmática pueden obtener una gran rentabilidad político-electoral al apoyar a los diversos sectores productivos de Oaxaca.
Hacerlo es una acción congruente con el compromiso del presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, de combatir frontalmente la corrupción en el país, y si en algún sector público hay corrupción es en las secciones magisteriales manipuladas por la CNTE.
Está por demás claro que el rechazo a la Reforma Educativa por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán y la Ciudad de México, es por la pérdida del saqueo multimillonario del presupuesto educativo en esos estados.
Esta acción apoyará, definitivamente, las once reformas estructurales impulsadas por el presidente Peña Nieto, de manera destacada la Reforma Educativa, que es pretexto para intentar dinamitar las instituciones nacionales y con ello al propio Estado mexicano.
A querer o no, guste o no, el apoyo del PRI nacional y estatal a los oaxaqueños significará un gran espaldarazo de los priistas oaxaqueños al presidente Peña Nieto en momentos tan difíciles y complicados como los que hoy enfrenta el Gobierno de la República.
Más trascendente para los dirigentes nacionales y estatales del Partido Revolucionario Institucional será abonar a la derrota del candidato presidencial del Movimiento de Regeneración Nacional, Manuel Andrés López Obrador, en la madre de todas las elecciones en 2018.
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