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· Santander y su “defensoría”
La semana pasada de nueva cuenta quedó registrado el desorden y descontrol que existe en el mercado de las sociedades financieras de objeto múltiple no reguladas (Sofomes), con las declaraciones del presidente de la Condusef, Luis Pazos, en el sentido de que continúa la captación irregular que ponen en riesgo a amplios sectores de la población, y advirtió que estos intermediarios siguen proliferando a un ritmo de entre 50 y 60 por mes.
“Se reproducen como conejos”, calificó Pazos, pero lo peor de todo es que las autoridades no hacen nada para detener este proceso que puede generar graves problemas sociales y políticos, tal y como sucedió hace algunos años en varias regiones del país con las cajas de ahorro que carecían también de regulación gubernamental.
Incluso nadie duda que la delincuencia o el narco ya esté utilizando la figura para lavar dinero, como lo reconociera el ex gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, durante una conferencia que ofreció a la Asociación Mexicana de Entidades Financieras Especializadas (AMFE), que presiden Roberto Ureña.
Lo que destaca también es que existen actores de este sector financiero como el presidente de la Asociación de Sociedades Financieras de Objeto Múltiple (Asofom), Carlos Rahmane, que denotan cierto desconocimiento del tema y que al estar en contra de la supervisión todavía fomentan la autorregulación, como si no se observara todo el proceso que, en sentido contrario, se está adoptando en Estados Unidos y Europa, con la implantación de reglas contables y de operación más estrictas para la banca y otros intermediarios, cuya participación es más que evidente en las crisis financieras que azotan actualmente a los mercados.
Dice Rahmane que las Sofomes no requieren regulación porque no captan del público, haciendo oídos sordos a lo que se ha cansado de prevenir a la gente la propia Condusef. Si el sector estuviera reglamentado, el realizar esta práctica sería un delito y hasta ahora las autoridades no han actuado legalmente contra esas empresas, sólo se limitan a emitir boletines de prensa preventivos cuya difusión no se asegura que llegue a la gente que es víctima de desfalcos y fraudes.
Número dos, parece ser que Rahmane desconoce la historia de la figura “madre” de las Sofomes, que son las sociedades financieras de objeto limitado (Sofoles), las cuales sí están reguladas y supervisadas, y que han demostrado su éxito en sectores importantes como el hipotecario, el automotriz, el agro, el educativo y otros. Porque cabe destacar que sofoles no es sinónimo de hipotecarias, el espectro es mucho más amplio.
Las sofoles hipotecarias remplazaron a la banca durante la crisis del 95 y gracias a ellas el país tuvo una importante reactivación económica vía el crédito para la vivienda. Su crisis actual es producto precisamente del desorden y de la “autorregulación” en la banca e intermediarios estadounidenses que generaron la crisis de las subprime, así como de otros factores locales como la influenza que afectó al turismo y otras actividades, la propia desaceleración económica y el desempleo que multiplicó la cartera vencida.
Pero en el sector automotriz tenemos que las sofoles, en muchos casos los brazos financieros de las armadoras, colocan más créditos que los mismos bancos y no se diga en el ramo agropecuarios donde cada día operan con más fuerza, véase el caso de Agrofinanzas que dirige Francisco Meré, la cual fue reconocida en la Reunión del G20 como una de las empresas financieras más innovadoras a nivel internacional en el tema de inclusión financiera. Esta sofol integrante de AMFE, ha desarrollado esquemas de financiamiento a pequeños productores del campo, integrándolos a cadenas productivas de grandes empresas agroindustriales.
Hasta ahora no se ha reconocido que el crear a la figura de las Sofomes fue un grave error del entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Francisco Gil Díaz, y su equipo. Sus objetivos eran “democratizar” el crédito y generar mayor competencia. Sin embargo, también se interpretó como una estrategia para acabar con la figura financiera de las sofoles, porque le hacía demasiada competencia a sus amigos, los banqueros, para los que hoy trabaja y escribe, y que se quejaban de competencia desleal.
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La imposición de Gil Díaz y su equipo determinó que a partir del próximo año las pocas sofoles que quedan deberán transformarse en Sofom o Banco de Nicho, palabra que utilizaron para sustituir al concepto especializado, que implica mayor competencia y conocimiento del mercado.
La Comisión Nacional Bancaria y de Valores ya filtró a algunos medios que en lo que queda de la actual administración se autorizarán ocho bancos de este tipo, incluso uno de ellos ya dio la cara, se trata del Banco Inmobiliario Mexicano, que se levantará sobre la infraestructura de Hipotecaria Casa Mexicana. Los emprendedores son los mismos personajes que crearon y desarrollaron precisamente a la mejor sofol hipotecaria que ha habido en el país, y que hoy está en manos de BBVA Bancomer, institución para la que hoy el señor Francisco Gil presta sus servicios.
Sin embargo, estos bancos serán como bancos similares, valga la comparación con las medicinas, porque hasta ahora sólo se ha emitido, desde 2010, un marco de operación muy general y en el que se indica que al no existir reglas específicas para determinadas operaciones, se tendrían que homologar con las que se aplican a la banca múltiple. Como lo ha reconocido Guillermo Babatz, presidente de la CNBV, la única diferencia es el capital mínimo de inversión que para éstos es de 54 millones de UDIS, mientras que para los bancos comerciales es de 90 millones.
La pregunta es: ¿no sería mejor integrar a la reglamentación financiera a la totalidad de Sofomes, establecer mínimos de capital –eliminar los 50 mil pesos de capital mínimo para su operación-, depurar al mercado e incentivar una sana competencia entre la banca múltiple y los intermediarios especializados?
La defensoría de Santander
Con singular entusiasmo se dio a conocer hace un par de días que Banco Santander, que preside Marcos Martínez Gavica, ha consolidado la figura de “Defensor del Cliente” luego de cinco años de tarea ininterrumpida y más 7,500 casos atendidos, un 72% de ellos a favor del cliente.
Figuras como éstas son las que deberían prevalecer en todo el sistema financiero si efectivamente se quiere recuperar la confianza de los clientes y mejorar la percepción de la gente sobre los bancos.
Como en otros campos del quehacer financiero, Santander lleva la delantera y en este caso el “Defensor del Cliente” es una instancia independiente creada por el banco cuya función es proteger los intereses de los clientes cuando consideran que sus derechos han sido afectados. Es la última instancia para resolver quejas de los clientes y sus decisiones son de cumplimiento obligatorio para los funcionarios del banco.
Hace cinco años, Santander México se comprometió con sus clientes para ofrecerles una instancia defensora de sus intereses cuando existen controversias con el banco, unidad que si bien no está expresada como obligación en las normas mexicanas para la banca, sí representa para Santander un elemento de confianza con quienes prefieren nuestros servicios.
Santander es el único banco que tiene un esquema de este tipo como última instancia, y ha consolidado algo más que una oficina de quejas, para realmente atender al cliente como una prioridad, reconociéndole sus derechos. Bien por la institución bancaria.
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*Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Derecho.
