Te fuiste Gabo

Con tus ojos de perro azul te fuiste Gabo hacia Macondo, tu casa, como la ibas a llamar a los 17 años, antes de la Hojarasca. Vas a llegar ahí feliz e indocumentado haciendo la crónica como un náufrago en sus relatos. Como en la crónica de una muerte anunciada seguiste un rio de sangre (el rastro de tu sangre en la nieve) al que se le juntaron dos afluentes, el periodismo y la literatura: el periodismo con P de Pasión y la Literatura con L de Libertad. Quizá tu camino no obedeció a la mala hora, sino que viviste para contarla, la historia de tus putas tristes. Te fuiste por la libre como tus obras periodísticas, siguiendo el olor de la guayaba y con tu bendita manía de contar. Ahora puedes narrar la noticia de un secuestro, porque te secuestró la vida y te liberó la muerte. No vas a decir discursos, porque te alquilaste para soñar con generales en su laberinto y coroneles que murieron por que no tuvieron quien les escribiera. Tu vida de amor en tiempos de cólera y de otros demonios te llevó a ser un patriarca sin otoño, porque siempre fuiste primavera, como te recuerdo en los veranos del Margo, cuando la Jornada era tu letra y decías periodismo con P de Profesión Proscrita la Palabra. Con Isabel vas a ver llover en Macondo y le vas contar cuentos a la cándida Eréndira para dormir a su desalmada abuela. Vas a asistir de cuerpo presente a los funerales del Papá Grande y no vas a ser como el negro que hizo esperar a los ángeles, porque los ángeles del periodismo y de las letras están y estarán siempre contigo, en el tren que va hacia los 100 años de soledad. No vas a llegar nunca. Rompiste la maldición. Nunca estuviste. Nunca estarás solo.