AN MARTÍN TEXMELUCAN, Pue.— A un mes de la explosión que causó la muerte a 30 personas, los habitantes de este municipio que fueron afectados aún viven en la zozobra. Desde el 19 de diciembre pasado, cuando ocurrió la tragedia, nadie tiene la certeza de qué causó la fuga de petróleo que originó la explosión.
Entre los pobladores existe la duda de si Pemex quiso argumentar una ordeña ilegal del crudo para evadir su responsabilidad, otros dicen que la fuga fue ocasionada por la falta de mantenimiento de ductos y algunos piensan que funcionarios de la presidencia municipal estaban ordeñando el combustible para sus negocios particulares.
En las calles se comenta que las especulaciones terminarán cuando la paraestatal dé a conocer el resultado de sus investigaciones.
Pese a la experiencia, los habitantes todavía carecen de una ruta de evacuación en caso de emergencia. Las familias que resultaron damnificadas directamente porque se incendió su casa y murieron uno o más de sus integrantes viven en hoteles o se hospedan con conocidos y amigos en espera de que se termine de integrar su expediente y les paguen o pendientes de que se complete su indemnización.
Es el caso de Antonio González González. Su cuñado murió calcinado en una de las viviendas de la llamada zona cero. Los otros cinco integrantes de la familia sobrevivieron. “Vivimos en cuartos de hotel porque no tenemos a dónde ir. Sé que mi suegra ha recibido una parte de la indemnización, pero todavía esperamos a que nos paguen los muebles y todo lo que se perdió… Ahora todos dependen de mí”, dice.
Quienes habitan casas que fueron afectadas de manera parcial viven con la preocupación de su seguridad porque temen que la estructura de sus viviendas haya sido dañada. “Nadie nos ha dado un peritaje que nos garantice nuestra seguridad”, asegura Elia Rosete, presidenta del comité de vecinos de la Unidad Habitacional San Damián, ubicada a algunos metros de donde se originó la explosión.
Dice que al menos tres edificios de esta unidad —conformada por 62 inmuebles— tienen fisuras a raíz de la explosión. “Supuestamente vinieron peritos de Pemex y de Protección Civil pero nadie nos ha dado un dictamen por escrito de las condiciones en las que quedaron los edificios”, agrega Rosete.
Comenta que los únicos daños reparados por la paraestatal en la zona fue la pintura, los jardines y las ventanas de los cuatro edificios que están a metro de la calle de San Damián por donde la madrugada del 19 de diciembre corría el petróleo crudo y se extendían las llamas de al menos 20 metros de altura.
“Hay 10 automóviles con pérdida total porque se calcinaron, pero uno de los afectados me comentó que por su jetta 2004 le estaban pagando 13 mil 500 y decidió rechazar la indemnización hasta que le dieran lo justo”, complementa la representante vecinal.
Luto entre menores
La Escuela Primaria 1 de Mayo, ubicada a cinco cuadras del lugar del siniestro, reinició clases apenas este lunes, pero con tres alumnos menos que murieron durante la tragedia: Aimé Yaretzi Medel Brito, de segundo grado; José Miguel Muñoz Medel, de tercero, y Abigail Anahí Jiménez Barranco, de cuarto.
En las puertas de la escuela se colocaron moños blancos y los compañeros de los tres niños sólo callaron cuando sus maestros les informaron de sus muertes aquel día.
Algunos habitantes de la comunidad que fueron contratados para el programa de empleo temporal han comenzado a ser despedidos desde el pasado viernes con un pago de 600 pesos por trabajar durante una semana por al menos 12 horas diarias.
Antonio Quiroz Moctezuma, quien trabajó en la limpieza del río Atoyac —por donde corrió el petróleo crudo—, comenta que hasta el uniforme y el equipo les descuentan si no lo entregan en buenas condiciones.
Mientras medio centenar de hombres de la comunidad siguen haciendo las labores de limpieza, en el centro comercial Plaza Cristal, que se ubica al lado de la unidad habitacional, donde la limpieza del drenaje se ha complicado, pues el jueves pasado cuando hubo una lluvia ligera se inundaron de aguas negras y ayer en una inspección a los drenajes, los técnicos de la compañía constructora descubrieron que éstos aún están saturados de chapopote.
Las casas de la zona cero fueron derrumbadas y el lugar sigue acordonada, pero debido a las inconformidades, los vecinos del lugar harán una marcha para exigir a Pemex el pago total e inmediato de las indemnizaciones, el peritaje estructural de los inmuebles aledaños y el establecimiento de medidas de evacuación en caso de emergencia.
Agencia El Universal
