Si hoy quieren leer de política lárguense a Milenio o El Universal, hoy quiero escribir mis tristes líneas.
Difícil afrontar esta décimo novena temporada de la serie de mi vida cuando uno de los personajes principales ha decidido no seguir en el programa. Las ofertas constantes que recibía por las demás cadenas televisivas ganaron al fin a la incertidumbre y tensión que ambos reflejábamos en cada capítulo. Se va a iniciar un nuevo programa y me pidió que no la acompañara, que yo sí le fuera fiel a nuestro público que nos ha seguido tanto tiempo, tiene razón. Uno no puede escribir el prólogo de una obra y a la vez ser un personaje dentro de esta, así no se hacen la cosas.
Es solo que a mí me gustaba mucho nuestro desequilibrio, la espontaneidad que impregnábamos en cada toma, en cada capítulo. Era como si supieras que sin importar que el rating fuera de cuatro pelados, de nadie, o de toda una nación, la vida valía la pena por el simple hecho de ser vivida. Y ahora uno se encuentra con que es cierto eso de que los errores se pagan, de que el destino es implacable, de que el amor sin voluntad para amar al otro vale lo mismo que un presidente que gana con fraude electoral.
Y sin embargo me siento radiante, pero a la vez jodido. Con la eterna ambivalencia de saber que no sabes nada, con ganas de que se largue para que vea lo que dejó ir pero a la vez darla a nadie para que vuelva al fin sin haberse ido, con el corazón cerrado por derribo pero sin tiempo para caer al abismo.
Pero ninguna situación de la vida puede hacerme olvidar que te has ido, ni tampoco lo vivido, eso me lo quedo yo, pa´mí solito, con lo bello y crudo que todo eso implica.
Buena suerte en la lucha que emprenderás a diario, lejos de mí. Cuando te hartes de amores baratos ya sabes dónde encontrarme, allí donde no estoy. Yo seguiré en la serie de mi vida entreteniendo a los que quieran reír, haciendo el bien y el daño a quien menos se lo merezca, en estado de gracia para quien quiera tirarme al piso, con los brazos abiertos para quien quiera amarme, con la mejilla puesta para quien quiera odiarme.
Así la vida seguirá, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Tal vez un día un hombre y una mujer iguales a nosotros tocarán las cenizas de nuestro amor y este tendrá aún fuerzas para quemar las manos que lo toquen. Ojalá que no sea demasiado tarde.
Nos vemos pronto, en esta vida, siempre es pronto.
Pues ni pedo… ¡A vivir!
