¡Vasconcelos, Rector!

La Historia de México señala que la época de mayor brillo, en el ámbito de la educación, la cultura, el arte, para México, fue la etapa de Don José Vasconcelos. Nacido en la Ciudad de Oaxaca, apenas en su segunda infancia, su familia se trasladó a vivir en la frontera con los Estados Unidos de Norteamérica. Su padre trabajaba, precisamente para las aduanas y fue enviado a las cercanías de Eagle Pass, Texas, separado de México solamente por un puente. El niño José fue enviado a estudiar las primeras letras en una escuela de “aquel lado”. Desde esos momentos se empieza a escribir la vida, sumamente interesante, única, de quien llegara a ocupar la Rectoría de la Universidad Autónoma de México y luego –al crearla- la titularidad de la Secretaría de Educación Pública. Leyendo “Demian”, de Herman Hess, hubiera apostado que el pequeño José, era el niño acosado por un grandulón, en la escuela -a la manera de lo que hoy sería el “bullying”– tuvo que defenderse con mucha valentía, inclusive utilizando una pequeña navaja que él llevaba para sacarle punta al lápiz. La sanción escolar fue drástica… claro, en contra del mexicanito que defendía su integridad. ¡Volvería a leer las obras escritas por ese insigne oaxaqueño de nacimiento!

En aquellos años, del primer tercio del siglo XX, en nuestro país ya existían algunas –una que otra– instituciones educativas de calidad. La propia “Real y Pontificia Universidad de México” ya había sido creada, aunque para satisfacer las necesidades educativas de los hijos de los españoles radicados en nuestro suelo y para los hijos de los “criollos”. ¡Qué maravilla del maíz criollo!, que pronto dejará de existir, a causa de “los transgénicos”, que ya fueron aceptados por el gobierno “mexicano”. ¡Uno de los sexenios más entreguistas de la Historia de México! En esas escuelas se formó José Vasconcelos, quien alcanzó, al nivel intelectual de los más grandes rectores de hoy (Juan Ramón de la Fuente y José Narro Robles) precisamente la responsabilidad de dirigir a la UNAM, que estaba urgida de integrarse a la nacionalidad mexicana para convertirse en un ícono del propio país.

No solamente la educación y la cultura florecieron a nivel nacional, con la acción del rector de origen oaxaqueño. La Filosofía y el Arte, alcanzaron los niveles más altos. Toda una escuela filosófica fue “desatada” con la presencia y las acciones del rector José Vasconcelos. Y en el arte, los más grandes pintores de la época encontraron abrigo e impulso. Crecieron y alcanzaron las más elevadas posiciones, a nivel internacional, los muralistas con pensamiento libre, de amor al pueblo mexicano, que nadie podría, antes ni hoy en día, refutar o condenar por su enorme fuerza en el mensaje social: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco. Ni la cárcel –que ha sido desde siempre el arma represora de los gobiernos dictatoriales– pudo detener la fuerza del mensaje pictórico de los grandes MURALISTAS mexicanos. José Vasconcelos había dado su impulso y apoyo a esos inmensos artistas, voceros del pueblo.

Nosotros hemos visto la obra de esos inmensos artistas del pincel y del pensamiento. Hemos admirado su obra en el Palacio de las Bellas Artes, en la Ciudad de México, en la UNAM, cuyo arte es ya Patrimonio Cultural de la Humanidad, en el Hospicio de la Vega de Guadalajara. Agregaríamos a Chávez Morado, merecidamente, a esa pléyade de grandes muralistas mexicanos. El mensaje que todos ellos han registrado, plasmado, guardado, en los rostros de sus personajes, tanto de la etapa previa a la Revolución Mexicana – que según mi admirado José Muñoz Cota ha sido traicionada– como durante la década en la que se vivió el despertar del pueblo, gracias a los Hermanos Flores Magón, a Otilio Montaño, a Emiliano Zapata, sigue vigente, pero igual de desconocido por las víctimas, que aún no han podido leer ni entender lo que ocurre en nuestro país, desde hace décadas, pero sobre todo en los últimos once años de nuestra trágica historia. “Los pueblos tienen los gobiernos que merecen” o los que les heredan y no saben cómo sacudírselos. A pesar de miles de muertos y encarcelados. Ambos dejan a sus familias desamparadas. Y no son de los que obtienen curules, gracias a la influencia de “papi”, o del hermanito uniformado. La historia no se repite, sin embargo, cómo se añoran algunos tiempos pasados, como es el caso de la época de fulgor, que encabezó Don José Vasconcelos.