Para el exconsejero presidente del entonces Instituto Federal Electoral, José Woldenberg, es preocupante que una minoría como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) trate de poner en jaque las elecciones del próximo domingo.
Entrevistado en el espacio «Atando Cabos» señaló que las elecciones son la cúspide de una construcción civilizatoria.
En este sentido cuestionó cuál sería la convivencia y la vida política sin ellas, así como la forma en que los ciudadanos elegirían a sus gobernadores y legisladores.
Dijo que un pliego de demandas debe y puede ser negociado, las movilizaciones son legítimas, así como sus reclamos, pero siempre hay un límite y el límite son los derechos de terceros, por lo que no puede ponerse en jaque la celebración de los comicios.
«Empieza a no ser legítimo cuando tu irrumpes en unas instalaciones y las destrozas. Ya no es legítimo que destruyas papelería electoral y no es legítimo plantearse la posibilidad de impedir a otros expresarte».
«Una cosa son las reivindicaciones legítimas y formas de lucha y otras los actos delincuenciales, entrar a instalaciones y quemar papelería es un acto delincuencial, no tiene vuelta de hoja, y lo peor que puede suceder es acostumbrarse a este tipo de hechos», aseveró el exconsejero.
A su consideración «la rutina electoral tan despreciada por algunos merece ser reivindicada y apuntalada porque todo sería peor sin ella… Preocupa que esa fórmula se esté desgastando porque hasta donde alcanzo a ver no hay sustitución posible de la misma».
Y aunque existen varias formas de llegar al gobierno como golpes de Estado o revoluciones, insistió en que la única forma pacífica y participativa que ha inventado la humanidad para llegar legítimamente son las elecciones, las cuales, dijo, se debe tratar de preservar como una fórmula que por sí misma produce muchos bienes públicos, entre otros, el ejercicio de las libertades.
En tanto, señaló que existe una especie de discurso que se ha instalado con mucha fuerza entre la población que asegura que todos los candidatos y partidos políticos son lo mismo, que votar, anular o no votar es lo mismo.
Sin embargo, se construye un mundo idílico y falso donde los ciudadanos aparecen en un universo y los políticos en otro, como si no existieran puentes de comunicación y normalmente atribuye a los ciudadanos todas las virtudes y a los políticos todas las maldades.
«Ese discurso anti político no sólo no refleja lo que sucede en la realidad sino que acaba desgastando las rutinas democráticas. Veníamos de un espacio público habitado por un solo partido donde no existían pesos ni contrapesos donde votar en un ritual donde ganadores y perdedores estaban predeterminados»
Eso afortunadamente ha cambiado con el tiempo. Tuvimos una auténtica transición democrática y como país fuimos capaz de desmontar un sistema autoritario, pero no hemos sido capaces de generar un auténtico estado de derecho ni de hacer que nuestra sociedad sea más integrada, más cohesionada, menos desigual y polarizada».
En su opinión, el déficit en el estado de derecho y la falta de crecimiento económico, aunado a desigualdades, también erosiona el aprecio por las rutinas democráticas.
«Si queremos asentar las rutinas democráticas debemos hacer operaciones políticas a las que se hizo para germinar esta democracia en materia de estado de derecho y cohesión social. Somos un país extremadamente polarizado, extremadamente sumido en las desigualdades que marcan la vida diaria y ojalá atendamos eso, pero para hacerlo no hay que erosionar lo que se ha construido».
INF./GRUPO FÓRMULA
