En el momento en que escribo estas líneas es 2 de septiembre de 2011. Hace exactamente un año estaba sentado en la misma biblioteca en la que me encuentro ahora y recibí una llamada. Era mi madre, solamente queriéndome comunicar cinco palabras: “Acaba de morir Germán Dehesa”.
Jamás imaginé que aquella noticia sería el comienzo de una hecatombe de acontecimientos que me han llevado a ser el hombre (bueno, malo, inmaduro, maduro, pelangoche, pero hombre al fin) que hoy soy.
No sé ustedes comanches, pero ante estos tiempos tan calamitosos que vivimos, a menudo me preguntó qué opinarían sobre lo que está pasando todas aquellas personas que hoy no están conmigo. ¿Qué diría Germán, mi abuelo, mis ex colegas de vida, todos los que estuvieron y hoy se han ido; qué opinarían sobre estas penumbras que nos abruman?
Pienso en esto de vez en cuando, pero no tan prolongadamente, porque a fin de cuentas uno sí sigue en esta chinampa y tiene que disponerse a vivir; a pesar de que ellos ya no estén, o precisamente por eso.
Pero fíjense nomás que se dio la casualidad (o causalidad, hoy ya no tengo la menor idea de qué azares o normas me rigen) de que a exactamente un año de la partida del comanche Dehesa, he terminado de leer “No basta ser padre”, una de las tantas recopilaciones que hay de sus columnas.
Imagínense la hiperventilada de la que fui objeto cuando en la última columna del libro el susodicho me regaló el soplo de vida que tanta falta me ha hecho. No sé qué cosmos haya sido responsable de tan genuino milagro; me quedo con la idea de que fue un complot entre todos mis colegas del pasado para levantarme el ánimo y hacerme recordar que la vida se llama así porque te puede dar la dicha más grande y el dolor más profundo.
Les comparto el texto, espero sea de su agrado.
Volaron las palomas
Andrés pregunta
Todos los hijos preguntan. En la pantalla de la televisión repiten por enésima vez las imágenes de la destrucción de las Torres gemelas. Desde sus seis años, Andrés, recién bañado y recién llegado a la vida, me pregunta: ¿qué pasó, papá? En Nueva York dos aviones chocaron contra esos edificios altísimos. ¿Fue un accidente? No, los pilotos lo hicieron a propósito. ¿Y por qué? Porque el mal existe. ¿Y qué es el mal? El mal es el triunfo de la muerte contra la vida. ¿En estos edificios había gente? Muchísima y casi todos se murieron. ¿Eran malos? No, fueron destruidos por el mal. ¿Los bomberos son buenos? Los bomberos hacen cosas muy buenas porque defienden la vida. ¿Tardaron mucho tiempo los que hicieron esos edificios? Sí, tardaron varios años. ¿Y cómo se cayeron tan rápido? Porque es como si tú pisaras con todas tus fuerzas un juguete: los que lo hicieron tardaron mucho tiempo, pero tú, de un pisotón, lo deshaces. ¿Y la gente? Es lo mismo; tú eres un edificio que apenas está creciendo, pero el mal te puede destruir en un instante. ¿Dónde está el mal? Dentro y fuera de ti, pero juntos nos vamos a defender. ¿No me va a pasar nada? Te van a pasar muchas cosas y tú tienes que estar muy atento a que nadie, ¡nadie!, te robe la alegría que es tu mejor señal de vida; te pasará de todo, pero yo te voy a ayudar a que todo acabe siendo bueno. ¿Seguro? ¡Seguro! (si mi hijo supiera de la cósmica inseguridad con la que los adultos decimos ¡seguro!)
Septiembre 12, 2001
Ya toca comanches. Por una vez atrevámonos a creer que todo va estar bien, a sonreír. Estoy seguro que así será…
Clase Política: No te importamos, no nos importas. ¡2 de julio votamos en tu contra! XLII
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